Ing. Agr. Lorenzo Crudelli | Reconquista, Santa Fe

Ingeniero Agrónomo Lorenzo Crudelli
Primer extensionista del INTA Reconquista, Santa Fe

ACORTANDO DISTANCIAS

Con sus alegres 85 años, el Ingeniero Agrónomo Lorenzo Crudelli disfruta pensar que las nuevas generaciones de técnicos lo recuerdan como aquel que abrió las tranqueras de la zona.

Esa apertura, lograda con recursos austeros, consiguió visibles resultados: mejorar la calidad de vida de las familias campesinas, aumentar las producciones, diversificar los cultivos y llevar el desarrollo y el crecimiento al norte de Santa Fe.

Crudelli ingresó al INTA en 1958. En ese momento el área de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) y la de sus extensionistas abarcaba 5.600.000 hectáreas, en los departamentos del norte de Santa Fe: General Obligado, San Javier, Vera y 9 de Julio. Las principales actividades agrícolas eran el lino y el algodón. Para mejorar los cultivos hubo que desarrollar diferentes experiencias con forrajeras, diversificar variedades, mejorar los suelos, realizar avances con el riego y el control de plagas, además de transmitir todo a los chacareros para que cambiaran sus viejas prácticas. Se trata de una zona que tiene un 90% de aptitud para la ganadería y el resto es útil para las actividades agrícolas. La ganadería opera en cría y en ciclo completo, con algo de producción de leche e invernada.

 

En la agricultura se trabaja con sistemas agrícolas puros y mixtos, en los que predominan la soja y el girasol. Se realizan además ensayos con trigo, maíz, algodón, sorgo y, en el extremo noreste, caña de azúcar. En la zona costera se experimenta con el cultivo de arroz.

COLABORADORES

Crudelli ingresó a la institución cuando la oficina de Agronomía Regional fue transformada en la Agencia de Extensión Rural Reconquista. Esto es considerado el primer avance del naciente Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en el norte santafecino.

Dos meses después se sumó a la tarea extensionista la maestra Adhelma Stacul, como asesora del Hogar Rural. Después llegaron otros colaboradores, como Argentino Medera y Pedro Corti. Estos ingresos fueron aliviando el trabajo del plantel inicial, porque Crudelli era responsable de una enorme zona (desde Margarita a Florencia, desde la Costa hasta Fortín Olmos), distancias que debía cubrir con escasos elementos y con la ayuda de un Jeep sin puertas para movilizarse.

LUDUEÑA 765

La Agencia de Extensión Rural Reconquista desarrolló sus actividades en un inmueble alquilado en Iturraspe 331, durante veinticinco años, hasta 1983.

Luego, la Cooperadora de la Estación Experimental compró un terreno en Ludueña 765, donde ese año se inauguró lo que es hoy la Agencia de Extensión Rural del INTA Reconquista.

Esta estructura y el apoyo de las cooperativas y de las juventudes agrarias resultaron vitales para avanzar en una gestión exitosa.

GRANDES ÉXITOS

Los productores se movían con medios muy precarios. Utilizaban antiguos arados que tiraban con bueyes o con caballos; sus cosechas de lino, maíz, maní o trigo no rendían demasiado y debían hacer grandes sacrificios para pagar “la parte” (el arriendo).

Por fortuna, los primeros trabajos en la Estación Experimental Agropecuaria Reconquista con algodón, lino (el ingeniero Carlos V. Marciotte, su primer director y el creador del INTA Reconquista, era especialista en este cultivo) y sorgo fueron exitosos. El promedio de producción del algodón por aquella época no llegaba a 1.000 kilos. Se empezaron a controlar las plagas de insectos como el trips (primer logro de importancia) y el pulgón, y el aumento resultó significativo: creció a 3.000 kilos.

También hubo fuertes aumentos en las producciones de maíz, de maní (que se extendió a Córdoba), de girasol y de lino, que se lograron con los avances en los sistemas de cultivo y en el combate de plagas, con la implementación de rotaciones y de labranza cero, junto con la incorporación de nuevas maquinarias y el surgimiento de las desmotadoras. Los resultados obtenidos en las primeras “chacras piloto” fueron tan evidentes que de inmediato se abrieron las puertas de la confianza en los chacareros.

 

DESTACADO

Fueron muchas las actividades por las cuales la EEA se destacó. Por ejemplo, por el manejo y conservación de los suelos (incorporados por el Ingeniero Agrónomo Antonio Prego) y por la introducción de nuevas variedades y de híbridos de cereales y de oleaginosas, como la soja.

También sobresalió por el control integrado de plagas, por la introducción de nuevas alternativas de producción, como la horticultura y fruticultura, y por la promoción y el mejoramiento de la apicultura.

Es conocido el impulso que la EEA le dio a la incorporación de tecnologías de avanzada en el manejo de cultivos y de pasturas, y en ganadería de carne.

También trabajó en actividades relacionadas con el saneamiento básico rural (campañas sanitarias, vacunaciones, mejoras en viviendas, aguas servidas) y con la alimentación de las familias campesinas, además del cooperativismo.

Uno de sus grandes logros fue la introducción de la electrificación rural. Capacitó en tareas agrícolas y formó a grupos de jóvenes, amas de casa y productores (Clubes 4-A, Hogar Rural).

Además, desarrolló tareas vinculadas con la promoción y capacitación en autoproducción de alimentos en poblaciones con necesidades básicas insatisfechas (NBI).

JORNADA COMPLETA

En esos años se sucedían de manera vertiginosa las reuniones técnicas, los cursos para tractoristas, las actividades de manualidades, las jornadas sobre suelos, los encuentros con las familias rurales y la coordinación de programas como Pro Huerta y Cambio Rural.

Para hacer frente a estas tareas, la clave fue desarrollar el trabajo en equipo a través de la integración del Grupo Coordinador de Promoción Rural, conformado por numerosas organizaciones como la AER INTA Reconquista, el Movimiento Rural Cristiano, la Federación Agraria Argentina (FAA), la Unión Agrícola Avellaneda, las Juventudes Cooperativistas, los Centros Juveniles y el Magisterio Rural.

ENCUENTROS

Cuando los extensionistas recorrían los campos se encontraban con la desconfianza de los chacareros, quienes habían sido visitados demasiadas veces por personas que sólo iban a pedirles productos.

Para persuadirlos y transmitirles información se realizaban innumerables reuniones. Llegaron a tener por mes, según los registros, 129 encuentros con chacareros. En estas tareas el ingeniero Crudelli destaca a Orestes Stechina, Cosme Reniero, Antonio Pergolesi, Manolo Cracogna, Pancho Fontana y a los hermanos Tedesca.

Las chacras eran lugares aislados, sin ningún tipo de asesoramiento. Cambiar esta realidad se transformó en una necesidad imperiosa, sobre todo a través de las cooperativas.

Se crearon las Agencias de Extensión Rural Calchaquí, Las Toscas, San Javier, Romang y Tostado, además de la de Reconquista. Gracias a ellas se redujo el área de acción de la Agencia Reconquista a dimensiones más lógicas.

También la Estación Experimental Agropecuaria incrementó su personal y su capacidad de generar y de proveer información a los técnicos de la zona.

En el camino fue muy importante contar con el apoyo de la Sociedad Rural, de las Cooperativas (de Avellaneda, con Don Domingo Stechina, y de Romang, con Don Ernesto Mandel), de la FAA y del Movimiento Rural. Fueron esas entidades las que ayudaron al INTA a abrir tranqueras.

DE LA MONTAÑA A LA LLANURA

El impacto cultural del cambio fue conmovedor. La colonización de esa zona del país se había realizado con la inmigración de familias italianas, procedentes en general de Piamonte, que escapaban de la pobreza y de las guerras. El Gobierno argentino les ofrecía cien hectáreas de tierras, diez vacas y un arado. Ellos debían edificar las casas y poner en marcha las producciones, en algunos casos con problemas con las comunidades indígenas que todavía se asentaban por esos lugares.

En ese contexto, las cooperativas jugaron un papel importante cubriendo las necesidades de atención técnica agrícola para sus socios.

MONSEÑOR IRIARTE

Al mes de haber asumido Crudelli la tarea de extensionista, se hizo cargo del Arzobispado de Reconquista monseñor Juan José Iriarte, a quien considera “una luz que iluminó y empujó los movimientos rurales”.

El Movimiento Rural, que nació casi en forma simultánea al INTA y fue auspiciado por la Diócesis de Reconquista, resultó un fervoroso difusor y acelerador del progreso tecnológico del agro. Sin embargo, en los violentos años posteriores de la historia argentina, la organización se desintegró y muchos de los jóvenes cooperativistas figuran en las listas de desaparecidos por la dictadura militar.

El ingeniero Crudelli debió explicar al jefe de la Policía que en las reuniones agro técnicas no se trataban temas políticos, sino cuestiones como la producción de lino, algodón, maíz o plagas. Para transparentar la tarea extensionista, debió detallar los lugares y días en que se realizaban los encuentros con los jóvenes, y desde entonces siempre asistía un policía. Con el aval del fuerte movimiento cooperativista y el respaldo de los dirigentes que incentivaban a sus asociados para que realizaran las pruebas agrícolas que les ofrecía el INTA, además del apoyo invalorable de monseñor Iriarte, los extensionistas pudieron integrarse con mayor facilidad en el medio.

Pronto se sumaron al trabajo los Grupos Juveniles de la FAA y todas las cooperativas nucleadas en ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas) y en la Federación Argentina de Cooperativas Agrarias (FACA).

RESISTENCIA JUVENIL

La tarea de extensión empezó en parcelas demostrativas que preparaban los jóvenes. Ellos se entusiasmaron cuando comprendieron hacia dónde marchaba el proceso renovador y adoptaron con dedicación esa tarea.

La juventud se agrupaba en distintos movimientos: Clubes 4-A y Hogar Rural del INTA, Juventud Agraria Cooperativista de la Asociación de Cooperativas Argentinas, Movimiento Rural Católico y Centros Juveniles de la Federación Agraria Argentina. Para entonces el INTA Pergamino había difundido variedades maiceras resistentes que comenzaban a mostrar sus ventajas y, más tarde, los híbridos de maíz.

El interés fue cada vez mayor y se cultivaron parcelas en otras chacras. Los agricultores empezaron a entender que con tecnología era posible sostener un proceso de crecimiento.

LA MEMORIA

Crudelli escribió las Memorias Anuales del INTA Reconquista desde 1960. Fue un trabajo difícil, pero muy útil – creía – porque tenía que reunir informaciones dispersas al mismo tiempo que debía seguir con sus labores diarias de extensionista.

Sin embargo su trabajo no fue reconocido por uno de sus supervisores quién al llegar al cargo rechazó las Memorias que le habían recomendado leer por considerar que había que “mirar hacia delante, y no hacia atrás”. Y mandó a quemar los documentos, planillas y fotos. Pero no tuvo suerte porque un empleado asombrado e indignado, rescató unos pocos de esos documentos que sintetizaban lo que el Estado había hecho en tres décadas en la zona de Reconquista.

COMPAÑEROS

Don Lorenzo nació en noviembre de 1925. Estudió para maestro normal y se casó con Stella Maris Blasco, quien se desempeñaba como tesorera en la Escuela Profesional. Juntos tuvieron cinco hijos, una mujer y cuatro varones. Luego del primer nacimiento, Acuña y Bustamante, dos grandes amigos y compañeros de estudios (los tres se habían recibido en la escuela en 1944) llegaron con dos regalos. Uno era una libreta de ahorro para la hija y el otro era el anuncio de que lo habían anotado, sin su permiso, como alumno en la Facultad de Agricultura de Corrientes.

 

EN EQUIPO

Ni bien se recibió, en diciembre de 1955, le ofrecieron trabajar en el manejo de un campo por dos años, al que se trasladó junto a su esposa.

En 1957, el Ingeniero Agrónomo Carlos Marciotti (primer director de la Estación Experimental, de 1958 a 1982) le avisó a un pariente de Crudelli que se estaba por abrir una nueva institución de tecnología agropecuaria, cuya sigla era INTA, y que le convenía presentarse para ocupar un cargo. Esperanzado, envió sus antecedentes y fue elegido.

Había muchos interesados en la creación del INTA: la Sociedad Rural; las Cooperativas Unión Agrícola de Avellaneda, lideradas por Don Domingo Stechina; la Unión Agrícola de Romang, donde trabajaba Don Ernesto Mandel, y la de Reconquista. Más tarde se sumó con fuerza monseñor Iriarte.

De esa forma, en 1957 Crudelli se transformó en el primer técnico extensionista del INTA en Reconquista. En 1958 trabajó en la puesta en marcha de la Agencia de Extensión, que comenzó a operar en mayo de ese año, y de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA), inaugurada dos años después, en septiembre de 1960, que está ubicada a 16 kilómetros de Reconquista y tiene 1.294 hectáreas de superficie.

NEGOCIACIONES

Las negociaciones para poner en marcha la EEA fueron llevadas a cabo por Enrique Gonzáles Keez, por el doctor Carlos Corti, secretario y presidente de la Sociedad Rural de Reconquista, y por el empresario Capozzolo. Ellos habían tomado nota de la creación del INTA en el país, pero los acuciaban problemas cotidianos. Los bajos rendimientos del lino y del maíz los impulsaron a pedir la asistencia de técnicos al Ministro de Agricultura de Santa Fe, el doctor Mercier, quien les sugirió que solicitaran establecer una Estación Experimental.

El cultivo agrícola con mayor fuerza en la zona era el lino, que hasta ese momento y con tierras ricas producía bien, pero a través de los años y por un manejo inadecuado de los campos había ido perdiendo rindes.

Algo similar sucedía con el maíz. Además, había que buscar los mecanismos para impulsar otras actividades agrícolas y avanzar hacia la diversificación.

Gonzáles Keez y Corti se reunieron entonces con Don Domingo Stechina, con la Federación Agraria y con empresarios agrícolas, con quienes se firmó una nota para solicitar a las autoridades nacionales la instalación de la Estación Experimental en Reconquista.

Por esto, se considera que su creación es, en verdad, obra del esfuerzo de los pueblos de Reconquista, Avellaneda, Malabrigo y Romang, a través de sus organizaciones sociales.

ESCRITURA

El INTA consiguió comprar el predio para los ensayos agrícolas, luego de negociar con los arrendatarios. Se tomó posesión de un campo de 1.294 hectáreas, al sur de la ciudad de Reconquista. Para facilitar la operación, doce arrendatarios fueron designados empleados del INTA y empezaron a trabajar al día siguiente. El personal de campo se incorporó en mayo de 1958 para iniciar los trabajos de acondicionamiento del predio.

El ingeniero Marciotti iba todo el tiempo a controlar y le pidió a Crudelli que comprara herramientas para que los trabajadores no se acostumbraran a ser haraganes. Cuando Crudelli fue a la ferretería y pidió diez palas, diez picos, diez tijeras de podar, diez tenazas y otros elementos, se encontró con un nuevo problema: nadie sabía qué era el INTA. La única forma de llevar a cabo la operación era si él mismo se hacía cargo en forma personal de la deuda, bajo su responsabilidad. Pero no firmó la boleta como Lorenzo Crudelli, sino como Olivio, su sobrenombre. Con muchas dudas mandó todos los papeles a Pergamino y, para su sorpresa, al poco tiempo llegó el dinero. De todas maneras, la primera boleta del INTA Reconquista quedó registrada bajo el nombre de Olivio Crudelli.

GIROS

El operario rural Evaristo Petroli recuerda, en la publicación de los 50 años de la EEA, que les dieron dos palas, dos tenazas, dos picos y dos hachas para limpiar el campo y sacar los alambrados viejos.

Algunos meses después llegaron otras herramientas, como dos acoplados, un Hanomac 35 y un Someca. Dado que no había ni siquiera un galpón para guardarlos, hubo que improvisar uno con apuro. Más tarde llegaron un Fiat 600 y dos arados de cinco rejas. Todo el tiempo se recibían pedidos de personas que estaban interesadas en entrar a trabajar al INTA, incluso con tarjetas personales de diputados y otras recomendaciones, que Crudelli no tuvo en cuenta. Sólo hizo ingresar a un carpintero de Reconquista porque sabía que era un buen trabajador.

Cuando los operarios del campo cobraron los primeros salarios no lo podían creer. Eran muy pobres, cultivaban como arrendatarios pequeñas chacras con maíz o girasol, que permutaban por gallinas y cerdos. A los veinte días les llegó otro giro con más dinero. Con los ojos muy abiertos, preguntaron “¿otra vez?”. De a poco aprendieron a trabajar y empezaron a especializarse. La historia cambió desde entonces con mayor rapidez.

YA QUE ESTAMOS

Varios años más tarde Crudelli fue al INTA central en una visita preparada estratégicamente. Llevaba dos notas con argumentos sobre las necesidades de las Agencias de Extensión del norte santafecino y las formas de superarlas. Como el hombre que lo recibió era un conocido, Crudelli empezó a pedir de a poco y con timidez.

Hizo notar que la Agencia de Extensión Rural de Reconquista alquilaba un local desde hacía veinticinco años que ni siquiera tenía puerta de atrás porque la dueña se negaba a gastar y el ingeniero Marciotti no tenía dinero. La comunidad estaba dispuesta a donar el terreno, pero el INTA debía construir las obras. Para su sorpresa, llamaron a un contador y él reveló que había dinero suficiente para levantar una buena sede. Entonces aprovechó y de inmediato pidió lo mismo para Las Toscas, que ocupaba una pieza prestada. Le dijeron que alcanzaba también para eso. Casi sin respirar, reclamó algo similar para San Javier, donde se vivían peleando con el dueño del inmueble. Lo aprobaron sin chistar. Sumó entonces el caso de Tostado. Para ablandar a los funcionarios les recordó que estaba en medio de un salitral, donde se rompían todos los autos y que él mismo consideraba que era una porquería vivir ahí. Agregaron también a Tostado. Crudelli pidió además para Romang, que era un paraíso. Abrumados, al final le prometieron hacer los cinco edificios. No edificaron todos al mismo tiempo, sino en forma escalonada.

Esta exitosa gestión es una de sus grandes satisfacciones personales.

VISITAS GUIADAS

Quebrar la resistencia de los chacareros a abandonar sus viejas costumbres como agricultores e incorporar las modernas técnicas y las nuevas tecnologías demandó un trabajo perseverante.

“A mí no me crean, vamos a la Estación Experimental para que vean los resultados”, aconsejaba el ingeniero Crudelli. Cientos de personas se acercaban a ver los cultivos de algodón, de maíz, de sorgo o de lino, o los trabajos relacionados con la ganadería. Los técnicos explicaban con paciencia los ensayos y la gente se sorprendía frente a las novedades.

El extensionista recuerda que “una vez que entraban a la EEA, ya era rodeo nuestro”.

En los años duros de la década de 1980, no fue fácil trabajar porque no les enviaban recursos y no tenían dinero para combustible. Entonces las cooperativas empezaron a aportar. Les daban vales de 50.000 pesos para cargar nafta en los surtidores. El consumo de combustible se controlaba con cuidado y después debían rendir cuentas. Ni el ingeniero ni su equipo faltaban a ninguna reunión por falta de combustible debido

al auxilio de la comunidad, que aportaba con interés porque tenía conciencia de que era para una causa justa.

Después, el ingeniero Marciotti fue a Buenos Aires a reclamar una solución, teniendo en cuenta que no era razonable que sus técnicos mendigaran nafta. Finalmente llegaron los fondos suficientes para la movilidad.

TÉCNICOS EN ACCIÓN

Como entendía la importancia del aporte tecnológico, la Cooperativa Avellaneda pretendió tentar a los ingenieros agrónomos del INTA y contratarlos para que atendieran con exclusividad a sus asociados.

Desde Reconquista se llegó a pedir a los empleados que no se ocuparan de otras organizaciones agrícolas para que sus esfuerzos se pudieran concentrar en la pujante institución.

Pero las cooperativas no querían que los técnicos fuesen a ver a los chacareros una o dos veces al mes, sino que estuvieran en forma permanente a disposición de los cooperativistas, incluso pagándoles los sueldos, si era necesario. Don Stechina llamó al ingeniero Marciotti con la intención de mantener a los técnicos full time en su Cooperativa, lo que, obviamente, no era posible. En esos tiempos sólo había uno o dos ingenieros agrónomos, que trabajaban en pequeñas piecitas. En la actualidad disponen de tres o cuatro especialistas que se ocupan de todos los cultivos, en cómodas oficinas.

Los técnicos también se ocupaban de los concursos de algodón, en los que se debía determinar la calidad que lograba cada productor. Se premiaba igualmente al mejor cosechero y al que demostraba más habilidad y rapidez en su tarea.

BUENAS PRÁCTICAS

Crudelli recuerda que con el Ingeniero Agrónomo Antonio J. Prego, que iba los fines de semana, se realizaron numerosas tareas para la conservación de suelos. Entre 1960 y 1965, este especialista reconocido a nivel nacional desarrolló una intensa tarea de capacitación y demostración en el área de Reconquista. También participó el joven Oreste Stechina. Se inició así lo que Don Lorenzo llama “la era conservacionista”, con el trazado de curvas de nivel para frenar la erosión hídrica y con las primeras siembras del poroto caupí para recuperar la fertilidad.

Como producto de esta estrategia conservacionista se logró la sistematización de 10.000 hectáreas en esa región santafecina, realizada con el aporte de los jóvenes técnicos que el ingeniero Prego, con el respaldo de los extensionistas, había capacitado y motivado.

El ecologista Don Cosme Reniero fue otra de las personalidades que realizó aportes a la tarea extensionista del INTA, con contribuciones para la conservación del suelo en los monocultivos e innovaciones en el cultivo de la tierra. Fue un impulsor de los cuidados ecológicos en tiempos en que esa palabra era desconocida o despreciada, con la intención de proteger la tierra como patrimonio de las futuras generaciones.

Don Cosme integró diversos directorios de la Unión Agrícola de Avellaneda y recibió medallas en reconocimiento a su trayectoria.

VALIÓ LA PENA

El ingeniero Crudelli trabajó en el INTA hasta 1994, cuando debió alejarse debido a su edad. Habían pasado treinta y tres años y él consideraba que todavía tenía mucho para dar. Perseverante y tenaz, a través de dos notas enviadas a Buenos Aires intentó revertir su partida, pero no lo logró.

Pero ese motivo no le impidió estar agradecido al INTA. En su larga trayectoria tuvo la oportunidad de viajar a Israel para tomar conocimiento de las técnicas agrícolas aplicadas allí. También pudo participar en algunas actividades del Concilio Vaticano II, junto a monseñor Iriarte, que se encontraba en el Vaticano. El pabellón que es sede de la coordinación del Área de Extensión Rural lleva su nombre, como un reconocimiento materializado recientemente con la colocación de una placa.

En 2006 fue designado profesional emérito del INTA. El Senado de la Nación le otorgó la distinción “Gobernador Enrique Tomás Cresto”, en 2007, como uno de los líderes del desarrollo, junto a otras entidades como la Federación Argentina de Municipios (FAM). También el Estado de Israel, donde realizó un curso de “Planificación Agrícola y Desarrollo Regional”, y la Organización de Estados Americanos (OEA) lo galardonaron por sus aportes al desarrollo económico integrado.

El ingeniero Crudelli hizo toda su carrera laboral en el INTA. Para él no fue sólo un trabajo, sino el lugar en el que cosechó amigos a los que recordará siempre. Los primeros directores, Carlos Marciotti y Francisco Mosconi, significaron un gran apoyo para su tarea pionera. También recuerda a Carlos Medera, Guillermo Valdivia, Gerardo Blanchoud, Orlando Pilatti y tantos otros.

En octubre de 1990, la Juventud Agraria Cooperativista Centro Avellaneda, de la Unión Agrícola de Avellaneda Limitada, le agradeció al ingeniero Crudelli todo lo que había hecho en esa región, con motivo de su retiro del INTA. En palabras del presidente Héctor L. Braidot y del secretario Néstor H. Debarbora, como pionero en la zona Crudelli inició la concientización sobre la importancia de la técnica para que los productores pudieran iniciarse en el camino del cambio. La sencillez y la jovialidad de Don Lorenzo hicieron que pudiera entrar en el corazón de las familias de manera que fueran asimilando sus conceptos teórico-prácticos, lo que les permitió transformarse en empresas agropecuarias.

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