Oscar Rubén Helguera | Tucumán

Operario de mantenimiento del INTA Famaillá, Tucumán

ALMA EN LA TIERRA

El 30 de julio de 2010 fue el último día de trabajo del operario Oscar Rubén Helguera en el INTA, como personal del área de mantenimiento en Famaillá, perteneciente al Centro Regional Tucumán-Santiago del Estero. Allí se desempeñó durante 46 años, desde fines de 1964.

Helguera está casado con Antonia Torres y tiene dos hijos. Vive en el Barrio Tres Marías, en el ex Ingenio Nueva Baviera, a escasa distancia de la EEA.

Esta es la historia de un forjador del INTA en la región, contada con sus propias palabras.

CURRICULUM VITAE

Entré a trabajar al INTA Famaillá como personal temporario cuando tenía 19 años. En ese entonces cumplía tareas en el campo. Eran trabajos duros, no disponíamos de tantas máquinas como ahora y había que cortar y pelar a mano la caña de azúcar.

Durante varios años me destinaron al desyerbe y al “desaporque” a azada del cañaveral. Había que limpiar los alambrados, machetear los callejones y las cercanías del arroyo en este centro, que tenía 360 hectáreas. También trabajaba en los ensayos en los tablones con maíz y con trigo.

 

Durante el servicio militar me enviaron a Gualeguaychú. Cuando volví, en 1966, me destinaron definitivamente a las tareas de la caña de azúcar.

En los tiempos libres me dedicaba al boxeo y llegué a pelear en Concepción y en Villa Luján, como peso gallo. A veces ganaba y otras perdía, me habían puesto el apodo de “El Mono Gatica de Famaillá”.

Cuando regresó el general Perón me tomaron como personal estable y, dado que sabía albañilería, me destinaron al área de construcción y mantenimiento de los edificios.

La primera obra que hice fue el edificio para la Escuela del Centro de Capacitación Integral del INTA Famaillá (CECAIN).

SIN GUARDAPOLVO

El mantenimiento de los edificios implicaba hacer trabajos de colocación de pisos, pintura, mampostería, plomería, etcétera. El equipo estaba formado por tres operarios. José Fernández, el maestro de obras, ya murió; Benito Salazar se jubiló y ahora me ha llegado el turno a mí.

Además de la Escuela del CECAIN, levantamos la clasificadora de maíz, el sector de ecología, el comedor, el área inicial para el Proyecto Integrado de Desarrollo Apícola (PROAPI) y varias obras de refacción en el edificio central. Más tarde construimos la balanza para pesar caña y los accesos a la ruta provincial 301, con las alcantarillas ubicadas a la entrada del predio.

Después de todos estos años de trabajo entendí que el problema de mi vida fue que no pude estudiar. Mis padres eran viejos y yo debí encargarme de la olla en la casa.

Por eso no he tenido la posibilidad de avanzar en la escuela y eso definió mi vida. En el estudio está la gran diferencia.

CUESTIÓN DE ACTITUD

De todas formas, los progresos que obtuve me los dio el INTA. Aquí me enseñaron y me mostraron un camino. Yo puse mi esfuerzo y dedicación, me hice respetar por los jefes. Para mí el trabajo es sagrado. A pesar de mis limitaciones, siempre cumplí con seriedad, en los momentos buenos y en los malos.

Este es uno de los valores principales que heredé de mis padres: el respeto al trabajo, a la familia y a la honestidad. Al que trabaja conmigo le encargo no tocar lo ajeno. Usted puede ser bueno, pero si es ladrón no va a ningún lado.

Creo que las nuevas generaciones deben respetar más el trabajo y estudiar. Yo eso lo transmito al que está a mi lado, al que le enseño. Pero algunos no le dan valor, lo toman como algo de un viejo que se está yendo. No entienden que ellos están construyendo un país nuevo. Se perdió mucho en ese aspecto. Es una lástima, con un país tan lindo como el que tenemos, con una institución tan buena como es el INTA, hay que cambiar de actitud.

TODO CAMBIA

En otras épocas todo se hacía con extremo sacrificio. Veníamos a trabajar en bicicleta o a pie, con o sin lluvia. Hoy la gente tiene distintos medios de transporte. Eso cambió un montón. Además, había más exigencias. Ahora el operario tiene la posibilidad de usar mejores herramientas, más prácticas, que le permiten ahorrar esfuerzos.

Otra gran diferencia es el conocimiento. Los de antes sabíamos menos y nos destinaban a trabajos pesados, todo dependía de la voluntad y había que esforzarse físicamente porque no quedaba otra. Ahora las maneras de trabajar derivan siempre de estudios y capacitación previa.

DÍAS DE DOMINGO

A partir de la jubilación me dedicaré a mi casa, que debo ampliar y arreglar. También a hacerle compañía a mi patrona, que está vieja. En estos cuarenta y tantos años apenas compartimos los sábados y domingos en familia, incluso a veces se debía trabajar también los fines de semana. Si me decían que tenía que venir yo venía. Pero mi tiempo ya pasó. Los que están ahora tienen que ponerlo todo de su parte en el INTA, como hicimos nosotros.

Voy a seguir trabajando hasta el final. Quiero cumplir hasta el último minuto que esté en el INTA. Tengo que hacer las bases de cemento para los motores destinados al riego en la parte de citrus. Quiero irme con la mejor imagen.

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