Agr. Luis Gerónimo Gómez | Tucumán

Ingeniero Agrónomo
Jefe del Grupo de Investigación en maíz y poroto del Campo Experimental Regional INTA Leales (CER), Tucumán.

 

UMBRAL

La historia de Luis Gerónimo Gómez comienza en la década de 1930 con la llegada de inmigrantes al país. Su abuelo materno, Don Vicente Gómez, era español y venía a trabajar a Pergamino, donde cosechaba maíz a mano y una vez terminada la campaña regresaba a España. En su tercer viaje decidió no retornar y dirigirse, en cambio, a la provincia de Tucumán, donde accedió a una chacra en El Tajamar, departamento de Burrucayú, para dedicarse a la agricultura.

A esa misma localidad llegó más tarde la familia Gerónimo, con experiencia previa en Brasil. De los tres hermanos, el tercero se asentó en Tucumán para trabajar como operario rural. Luego de sucesivas actividades terminó también en El Tajamar, donde pudo acceder a una parcela de tierra en la misma zona.

De la unión de estas familias nació, hace 65 años, Luis Gerónimo Gómez, un hombre que con esfuerzo y trabajo fomentó, a través de sus investigaciones, el desarrollo de la región.

 

 

NIVEL INICIAL

Luís Gerónimo Gómez nació en El Tajamar el 26 de diciembre de 1943. Asistió a la escuela primaria del pueblo hasta tercer grado, ya que ese era el nivel máximo de enseñanza primaria en la zona. Como los inmigrantes querían que sus hijos se capacitaran, la familia envió a Luis a la capital tucumana, donde cursó los restantes grados de la primaria y los primeros años del secundario, en el Colegio de los Padres Azules. Este colegio era uno de los tres establecimientos de enseñanza agrícola que dependían de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT). Pasó luego a la Escuela de Agricultura y Sacarotecnia de la UNT, de la que egresó con el título de Perito Agrónomo, en 1963. Esta escuela fue el principal centro de capacitación agrícola del Noroeste Argentino (NOA), hasta la posterior creación de la Facultad de Agronomía.

Luis Gerónimo Gómez debió hacer el servicio militar en la sección Intendencia del Ejército. En la “colimba” tuvo una experiencia singular, así como en los estudios era ordenado, en el cuartel se mostró indisciplinado. De todas formas esta experiencia afectó su personalidad. Salió transformado para afrontar la realidad, maduro para responder a los vaivenes de la vida.

JORNADA LABORAL

Cumplido el servicio militar, el perito trabajó en la empresa proveedora de semillas Agar Cross, hasta que el 24 de mayo de 1965 ingresó por concurso al INTA Leales (en esos tiempos era una Subestación Experimental Agropecuaria dedicada a la ganadería), como ayudante técnico en la especialidad de forrajes. El Jefe era el Ingeniero Agrónomo Ricardo Edgar y el director era el médico veterinario Ricardo César Viñas. El doctor Mazo y un empleado administrativo, además de los trabajadores de campo, eran todo el personal con el que disponía la modesta y precaria Subestación Leales.

MARCANDO TERRITORIO

Lo que hoy es el Centro Experimental INTA Leales (CER), con sus 1.500 hectáreas, originalmente era una colonia que el Estado había acondicionado para inmigrantes. Esa colonia fracasó porque era una zona con bajos inundables, lo cual generó condiciones críticas para la subsistencia humana.

Más tarde el predio pasó a formar parte del servicio de Remonta de la Policía Volanta y luego el Gobierno Nacional recuperó el establecimiento y lo transfirió a la Dirección Nacional de Zootecnia. Entonces comenzaron las tareas incipientes de mejoramiento genético de la hacienda criolla, que era la ganadería predominante en la región.

Cuando se creó el INTA, el campo pasó al nuevo organismo nacional y se designó como primer Director al Doctor Viñas.

DE LA OLIVETTI 14 A LA PC

Dentro del campo, para trasladar los elementos de trabajo y a los peones, se ataba una chata que era tirada por caballos. En el INTA de Leales nos transpórtabamos así, dice Luis, hasta finales de la década de 1970.

Con los años, los caminos del Departamento Leales mejoraron y llegó el pavimento hasta cerca del centro agro técnico. El teléfono se extendió hasta Villa de Leales y el campo experimental logró tener una radio de alcance nacional para comunicarse con otras estaciones experimentales.

Después llegaron otras máquinas más modernas y se pudieron realizar en Leales los análisis estadísticos, que hasta ese momento se enviaban al INTA Famaillá. A principio de los años setenta se recibió una máquina Texas, que contaba con una memoria poderosa y efectuaba análisis estadísticos.

Entre 1978 y 1987, período en el cual el Ingeniero Agrónomo Franco Fogliata fue Director de la Estación Experimental, se compró la primera computadora, pero nunca llegó a Tucumán. Desde Famaillá les enviaron otro equipo, un antediluviano sin ninguna capacidad.

A finales de los años ochenta se consiguió la primera computadora con 40 megas de capacidad. Más tarde Luis tuvo una PC personal de 100 megas y, en la actualidad, maneja una de 10 gigas. También para estos avances el técnico e investigador debió aprender y convivir con toda una revolución tecnológica.

A PULMÓN

Durante años el equipo de trabajo del INTA roturaba el terreno con un tractor y lo marcaba con piolín. Todas las parcelas se sembraban y cosechaban a mano.

Más tarde se consiguieron bastones sembradores, que fueron la máxima mecánica agrícola que tuvieron para implantar la semilla. El 80% del trabajo era a pala y azada, de manera que los grandes avances agro técnicos del INTA Leales se lograron casi sin maquinarias.

A pesar de los resultados exitosos para el maíz y el poroto, no hubo demasiadas inversiones en el centro. Parte de esta situación fue revertida con la llegada de una sembradora experimental y una cosechadora.

Para Luis todo era precario, pero eso jamás impidió que desarrollara su trabajo y cumpliera los objetivos propuestos. Sabía lo que tenía que hacer y cómo realizarlo.

INGENIERO LUIS FERNÁNDEZ DE ULIVARRI

Luis Gerónimo Gómez recuerda en un lugar destacado al Ingeniero Agrónomo Roberto Fernández de Ulivarri, pionero de las investigaciones en el INTA Famaillá y fundador de la Cooperativa de Trabajadores Unidos de Trabajo Agropecuario de Campo de Herrera, en Tucumán. Gracias a esta Cooperativa, los hijos de varios trabajadores rurales pudieron ir a la universidad. Además, el ingeniero Fernández de Ulivarri fundó una escuela en Campo de Herrera.

En 1976 fue despedido del INTA por la Ley de prescindibilidad, junto a otros técnicos, a pesar de que el establecimiento de Famaillá servía para dar trabajo a muchos operarios de campo. Fue contratado por el ingenio Ledesma y más tarde fue reconocido en Brasil por su trabajo y premiado debido a que logró que se cultivaran 800.000 hectáreas en ese país con la variedad de caña de azúcar NA-5679.

Con el tiempo, Fernández de Ulivarri se jubiló del INTA y fue nombrado profesional emérito.

 

PRUEBA Y ERROR

Si bien Luis Gerónimo Gómez ingresó al INTA Leales para trabajar en la sección Forrajes, al poco tiempo comenzó a probar algunas variedades de maíz con la intención de mejorar las raciones de la hacienda. Al principio se trataba sólo de analizar su desempeño, pero con el tiempo los esfuerzos se fueron concentrando cada vez más en ese maravilloso cereal andino.

Luego de la organización por programas de trabajo dispuesta desde el INTA Pergamino, empezaron a llegar ensayos con maíces. Este cambio fue el puntapié inicial para que Leales se ocupara de la actividad maicera. La explicación de Gerónimo Gómez es clara. Las provincias de La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy forman parte de la cultura andina del maíz y, por lo tanto, están en un área donde ese cereal fue siempre un cultivo importante. Tuvo un desarrollo sorprendente en la época precolombina, sobre todo en los valles altos, y  fue incrementando hasta mediados del siglo XVII.

CEREALES DE ALTURA

Los cereales que se cultivaban en la región venían de altura y en el subtrópico bajo no funcionaban. Tenían problemas de enfermedades y las temperaturas de la llanura les impedían desarrollar mejores producciones. De allí que los rendimientos a nivel de los agricultores no pasaban de 1.000 kilos por hectárea y en los campos experimentales tampoco superaban los 2.500 kilos por hectárea.

En la actualidad, el rendimiento supera los 7.000 kilos promedio en Tucumán a nivel de los productores, y los 14.000 kilos en predios agro técnicos. Estos valores no han podido superarse debido a problemas de luz y de temperatura que condicionan el potencial productivo.

De lo anterior se desprende que el rendimiento por hectárea y por año fue creciendo sin pausa, debido a que el INTA Leales desarrolló con éxito dos paquetes tecnológicos que no existían: el agronómico y el genético. Todo comenzó cincuenta años antes, cuando trajeron a la estación ganadera de Leales algunas variedades maiceras del INTA Pergamino, como Venezuela 1 (de origen venezolano), Barretal, CNNC 56 y Cubano Amarillo, para alimentar a la hacienda.

De todos estos cultivares el Venezuela 1 mostró buenos resultados y se convirtió en el impulso que necesitaban los lugareños para empezar a multiplicarlo. Los nuevos cultivares rindieron un 50% más que los maíces criollos que había en esa zona subtropical. A partir de 1965, el INTA Leales inició trabajos en el mejoramiento genético del maíz y las investigaciones de prácticas agronómicas para mejorar su producción, convirtiéndose en un organismo pionero en los trabajos relacionados con el cultivo.

En este camino fue asistido por la sección Maíz del INTA Pergamino, cuyo Jefe era el Ingeniero Agrónomo Juan Carlos Rossi. Los asociados a la misma eran Don Tomás Luna, un pionero en mejoramiento genético del maíz en la Argentina, junto al ingeniero Marino.

Ellos desarrollaron los primeros híbridos en el país. También colaboraban el ingeniero Petri y el doctor Martín Illia. Así se conformó un eficiente equipo de trabajo. El INTA Pergamino se ocupaba de los maíces templados y el INTA Leales se dedicaba a los maíces tropicales.

En un primer momento, el ingeniero Rossi envió pocos materiales. Pero al año siguiente envió tres ensayos adicionales y luego otros más. Con el tiempo, en la Estación Experimental Leales comenzaron a trabajar con un programa completo.

CONTACTOS

Junto a su pequeño equipo, Gerónimo Gómez comenzó a desarrollar los materiales disponibles, a avanzar en el mejoramiento genético de maíces tropicales con adaptación al norte del paralelo 30º y a buscar avances agronómicos.

Por otra parte, el perito estableció contactos con la Fundación Rockefeller, la cual tenía sede en Chapingo, México.

Esta organización, junto a la Universidad Autónoma de México, disponía de un excelente banco de germoplasma de maíz tipo tropical. Su Director era el doctor Edwin J. Wellhausen y el grupo de trabajo estaba conformado por investigadores prestigiosos, como los doctores Elmer C. Johnson y Norman Borlaug, quien más tarde se hizo mundialmente famoso por sus innovaciones, obteniendo el Premio Nobel de la Paz.

DE MÉXICO A LEALES

La Estación Experimental del INTA Leales se contactó con el Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo (CIMMYT) y fue incorporada como colaboradora a los programas de investigación sobre maíces tropicales. Como fruto de esta relación, Gerónimo Gómez tuvo la oportunidad de viajar al CIMMYT para asistir a numerosos cursos de capacitación con quienes consideraba los número uno en investigación del maíz en el mundo.

Lo que buscaban en Leales era el mejoramiento genético del germoplasma, el desarrollo de líneas endocriadas y avances en materia genética en poblaciones para el desarrollo de variedades de polinización libre.

EL LEALES 25: CADA AÑO VIENE MEJOR

Debido a su experiencia, Luis Gerónimo Gómez fue invitado a congresos internacionales en los que también participaban eminentes investigadores. De esta forma fueron adquiridos conocimientos de última generación que se volcaron a los trabajos en Leales.

Por esa época fue difundida la primera variedad de maíz del INTA Leales, bautizada “Leales 25”, variedad que hasta el presente se sigue trabajando sin descanso. En palabras de Gerónimo Gómez: “Leales 25 es como el cantor de tangos Carlos Gardel, porque cada año viene mejor”.

En la actualidad la Estación Experimental tiene en marcha todo un programa de mejoramiento, a través del cual se han desarrollado primero líneas endocriadas para producir híbridos y luego se comenzaron a producir directamente híbridos.

A lo largo de todos estos avances, el INTA Leales se fue convirtiendo en pionero en investigaciones en el NOA y en el desarrollo de paquetes tecnológicos, inexistentes en el país.

En la región del Cono Sur, Gerónimo Gómez fue miembro del Grupo Andino, lo que le permitió contactar al programa tucumano con destacados centros agro técnicos americanos. Se anudaron vínculos importantes con el Centro de Investigación de Maíz y Sorgo, de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (EMBRAPA), en Sete Lagoas, Estado de Belo Horizonte, en Brasil.

A nivel nacional, el trabajo técnico de Leales formó parte del Programa Nacional del Maíz, con asiento en el INTA Pergamino. En Leales los trabajos fueron respaldados por un grupo importante de instituciones, equipos e investigadores a nivel nacional e internacional.

INTA LEALES, A LA VANGUARDIA

Entre los desarrollos más destacados del maíz se puede citar el mejoramiento genético y la difusión de las variedades: Venezuela 1, Leales 25, Famaillá 222, Famaillá 235, Famaillá 240, Chaparro INTA, Ochogo INTA, Opaco INTA, Morocho INTA, H-35, H-40, Molinero INTA, H-45, Perlado INTA, Elcau 20, Elcau 30, Canai y Leales 25 Plus. Todas estas variedades tuvieron amplia difusión en el medio agrícola de la región norte. También se debe mencionar el desarrollo de numerosas líneas endocriadas, en la formación y el mejoramiento genético de germoplasma de tipo tropical.

Además de investigar y poner en marcha un paquete agronómico del cultivo del maíz, el INTA Leales organizó un sistema de producción y de difusión de semillas por administración a través del INTA y de su Asociación Cooperadora, y más tarde incorporó convenios de vinculación tecnológica con terceros.

El Programa Leales también logró desarrollar las primeras variedades de polinización libre, que fueron los híbridos de maíz primogénitos en la región, con impacto en el medio productivo del NOA e incluso en países vecinos. De esta forma, el INTA Leales llegó a cubrir con sus innovaciones casi el 80% del área sembrada hasta finales de la década de 1980.

 

IMPACTO PRODUCTIVO

Como un efecto posterior al desarrollo del cultivo y del mercado de semillas de maíz, se instalaron en la región las empresas multinacionales, quienes ganaron mercado debido a la influencia de su poder de marketing. De todas formas no han podido superar al INTA en los niveles de potencial productivo de los híbridos comerciales.

Todo esto permitió que Tucumán tuviera la mejor productividad media de maíz desde Córdoba hasta la frontera norte de la Argentina.

A finales de la década de 1980, el INTA Leales ostentaba el récord de 12.000 kilos a nivel productor y de 14.000 kilos a nivel experimental, lo cual superaba a las compañías extranjeras.

En lo referido a la aparición posterior de elementos transgénicos incorporados al maíz, el INTA no se ocupa de su desarrollo ni negocia con compañías privadas el uso de licencias, actividad habitual entre productores de semillas. Esto quita competitividad al programa en lo relacionado a sus productos comerciales. Sin embargo, se trata de una restricción que se está revirtiendo mediante acuerdos con una empresa para incorporar sus novedades tecnológicas.

ANOTE UN POROTO

A finales de la década de 1970 se produjo la expansión del cultivo del poroto en el NOA, debido a los excelentes precios que tenía. Esta expansión se realizó a partir de la única variedad existente por entonces, el poroto Alubia, un cultivo traído por los colonos españoles a principio del siglo pasado. La ampliación a nuevas áreas generó nuevos desafíos, sobre todo de origen viral, con enfermedades que exterminaban las plantaciones, por ejemplo el virus conocido como Mosaico enanizante del poroto, también con el Mosaico común y, más tarde, con el Mosaico Dorado.

Para superar estos problemas el Director de la Estación Experimental Famaillá, el Ingeniero Agrónomo Franco Fogliata, envió a Gerónimo Gómez al Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) en Colombia, con el objetivo de que se capacitara en el mejoramiento genético del poroto. A su regreso trabajó en la importación del germoplasma para iniciar el mejoramiento genético del poroto arbustivo, de manera de encontrar materiales resistentes a los virus.

En Leales trabajó para desarrollar líneas con capacidad de adaptación al NOA, mediante la generación propia de material segregante. Dentro de estas actividades, participó en un programa cooperativo junto al CIAT, al que también asistieron profesionales del INTA Cerrillos y de la Estación Experimental Agroindustrial “Obispo Colombres” (EEAOC).

Pero mientras que estas dos últimas unidades basaban sus trabajos en la introducción de líneas del CIAT, el INTA Leales se dedicaba a generar sus propios materiales en función de las capacidades de adaptación a la región.

GENES

Los materiales analizados eran remitidos al INTA Salta para su evaluación y, de esta forma, se logró desarrollar las variedades Perla y Paloma, del tipo Alubia, ya que eran simientes genéticamente resistentes a los virus del Mosaico común y del Mosaico enanizante. Más tarde el programa fue financiado por productores del chaco salteño. Así, el INTA Leales pudo comenzar a evaluar sus propias líneas en la región. Este sistema de trabajo establecía un esquema de investigación participativa sobre los tipos comerciales de poroto: Alubia, Cranberry, Rojo tipo americano, Canela, Negro e Imperio.

El programa de mejoramiento genético del INTA Leales se ha orientado a obtener varietales arbustivos aptos para la trilla directa, de buen potencial productivo y calidad comercial. Pretende lograr la uniformidad de la muestra para disminuir las pérdidas por caída de porotos de la zaranda.

Con estas líneas de trabajo ha logrado desarrollar las variedades Leales 10 INTA, Leales 17 INTA y Leales 22 INTA, para el tipo de poroto Alubia, con las que se mejoró la calidad comercial en un 50% y se consiguió un incremento del 10% en la producción media.

En la actualidad, en la región del NOA se cultivan entre 230.000 y 260.000 hectáreas de poroto, según los años. Toda esta producción es destinada a la exportación.

VARIEDADES LIBERADAS

Posteriormente el INTA Leales liberó las variedades Leales 15 INTA y Leales 24 INTA, para el tipo de poroto Negro. Estas simientes superaron en un 15% y en un 20% a los cultivares que habían sido difundidos hasta entonces.

Tanto los porotos tipo Alubia como los porotos Negros mostraron además la ventaja de poder ser cosechados en forma directa por máquinas integrales, con lo cual se ha disminuido significativamente el costo de producción por hectárea.

En la actualidad, luego de la inscripción en el Instituto Nacional de Semillas (INASE), se están por liberar al mercado dos variedades del tipo Cranberry, dos del tipo Rojo Oscuro, una del tipo Rojo Claro, una del tipo Canela y una del tipo Fabada.

Para estos materiales se han producido avances importantes en materia de tolerancia a virosis, mejoras en la arquitectura de las plantas y en los rendimientos, los cuales han resultado superiores a las variedades comerciales.

PARA TENER EN CUENTA

El INTA Leales ha desarrollado una variedad de poroto tipo Alubia blanco, denominado Fabada Argentino. Se trata de un varietal arbustivo que solamente se cultivaba en Asturias, España. Es un producto que, si bien aún no cuenta con un mercado grande, en Europa se comercializa a 30 euros el kilo.

El desarrollo se encuentra en la etapa de multiplicación de semillas y, aunque se estima que el volumen de producción no será demasiado grande, puede ser un negocio interesante para algunos agricultores. El plan se maneja mediante un convenio tecnológico con una empresa privada, que se encarga de producir las variedades, difundirlas y comerciarlas.

Se espera que en poco tiempo el programa del INTA Leales cubra no menos del 60% del área sembrada, lo cual tendrá un impacto interesante en los cultivos de poroto.

NÚMEROS

El esfuerzo no ha sido en vano. El perito Luis Gerónimo Gómez cree que, en tres años, todas las variedades de poroto que se siembren en la región NOA saldrán de materiales desarrollados en el INTA Leales, donde se ha mejorado la calidad comercial de las semillas en un 50%, se ha logrado que los cultivares sean resistentes a virus y puedan ser cosechados mediante trilla directa.

Cada tipo de poroto tiene un mercado específico: el Alubia suma unas 110.000 toneladas y el Negro alcanza 90.000, igual que el Cranberry. Son mercados pequeños que están creciendo.

En el futuro también se pretende avanzar con los porotos Rojos y Oscuros. Al aumentar la oferta de esas variedades se podrá incrementar en forma vertical la superficie sembrada con poroto. En el noroeste hay entre 250.000 y 260.000 hectáreas con poroto, pero se podrían alcanzar las 300.000 o 350.000 hectáreas si se mejorara la oferta de otros tipos comerciales. En esta región del país hay grandes ventajas, ya que presenta costos relativamente bajos y buena calidad.

VOLVER

Pegada al INTA Leales había una pequeña chacra a la venta, de 80 hectáreas. Luis Gerónimo Gómez pudo adquirirla y allí construyó su casa, para instalarse cuando se jubile y vuelva a ser lo que era cuando llegó al INTA, hace cuarenta y cinco años: un campesino, pero con más conocimiento y experiencia. En sus palabras: “Tuve mucha suerte, pude entrar al INTA, me capacité con los mejores y así pude alcanzar buenos resultados. Cumplí con los objetivos propuestos. No muchos tienen esa suerte”.

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