Mayordomo Rural
Agencia de Extensión Rural del INTA Río Grande, Tierra del Fuego

 

 

PAPELES Y POTREROS

Eloy Vidal nació en Puerto Porvenir, provincia chilena de Tierra del Fuego.

Estudió en la Misión Salesiana, que tenía el régimen de escuela de verano (de septiembre a mayo) y en 1955, a los 22 años, comenzó a trabajar como ayudante en la oficina de contabilidad de la estancia María Behety, un establecimiento con más de cien trabajadores.

Como ayudante del contador debía manejar la papelería, preparar los cheques de los sueldos y calcular las horas extras en grandes planillas, todo a mano. También se encargaba de hacer el inventario del galpón de esquila, que era el más grande del mundo. En la estancia María Behety, que estaba dividida en las secciones Miranda (hoy Los Flamencos) y Castillo (ahora San Julio), había más de 150.000 ovejas.

De todas formas Vidal se aburría en sus tareas, por lo que pidió un cambio. No era que el cargo le quedara grande, sino que prefería recorrer la isla para encargarse del cuidado de las ovejas.

En algunos potreros había hasta 5.000 animales y los chacareros tenían que levantar a las borregas y borregos caídos por el peso de la lana, cuerear a los que habían muerto para esquilarlos y controlar que no se ahogaran en los arroyos o chorillos. Siempre con los fieles perros ovejeros al lado como gran ayuda. La gente no aguantaba el tremendo frío en los inviernos. Las nevadas eras copiosas y el viento arrastraba la nieve hasta la altura del alambrado. Esto era un verdadeo problema, porque lo carnernos aprovechaban para saltar y servir a las ovejas, lo que complicaba el control de las pariciones.

Entre junio y agosto el clima era insoportable, y en octubre llegaban los impetuosos deshielos.

En esas épocas el pueblo de Río Grande tenía apenas muy pocos habitantes y en la Estancia María Behety vivían 130, la mayor parte de la población.

SALTO EN ALTO

Los chacareros salían de sus hogares a las tres de la mañana, en carretas tiradas por caballos herrados en las cuatro patas, para marcar a las ovejas en los distintos campos. Los que iban a caballo debían tener cuidado con las bellaqueadas.

No había caminos en condiciones razonables. Durante el invierno cualquier travesía era peligrosa. Vidal recuerda que una vez se le rompió el dínamo y se agotó la batería durante las horas oscuras, de modo que tuvo que seguir alumbrando el camino al conductor con un brazo afuera sosteniendo una linterna. Casi se congela. En los meses fríos, a causa de la escarcha, era casi imposible transitar las rutas.

Luego de trabajar en la Estancia María Behety, Vidal pasó a la Estancia Sara, como suplente del capataz, porque conocía bien los campos de la zona.

Pero sólo estuvo dos meses allí y en enero de 1960 ingresó al INTA. Se había encontrado por casualidad con el Ingeniero Agrónomo Jaime Serra, jefe de la nueva Agencia de Extensión Rural, quien le ofreció trabajo. Vidal ganaba 700 pesos y Serra le propuso elevar la paga a 4.500. Fue un salto tremendo, recuerda.

Vidal dejó de vivir en la Estancia Sara y se mudó a Río Grande, a una pensión. Todavía era soltero. En ese tiempo llegaron dos máquinas para el INTA: un tractor Fahr con dirección mecánica que era difícil de manejar, además de un arado con cinco discos y con juego de rodillos para tapar las semillas, y una rastra Rome.

Otra incorporación importante fue una topadora Allis Chalmers, que usaban para combatir los arbustos de la dañina Mata Negra. Esos arbustos luego se quemaban y las cenizas eran usadas como abono.

Los equipos recorrieron varias chacras de la zona y de toda la isla, hasta el Canal de Beagle, en el sur.

A CARGO

Debido al impulso del ingeniero Serra, la mayor parte de los trabajos estaban relacionados con la siembra de semillas de pasturas, las cuales eran importadas para reemplazar a los pastos naturales. Armaban parcelas de un metro de ancho por diez de largo, dentro de una hectárea, con distintas variedades de avena, centeno, cebada y hasta alfalfa. En algunos casos hubo buenas experiencias con riego.

Como Vidal conocía a varios administradores, Serra le pidió que fueran juntos a las distintas estancias para explicar qué iba a hacer el INTA y cómo podían ayudarse mutuamente. A algunos no les interesaban las innovaciones tecnológicas, pero los establecimientos grandes comprendieron la importancia de las investigaciones agrícolas, porque los pastos naturales se estaban agotando.

Eso ocurrió en las Estancias María Behety, Los Flamencos, Sara, Río Cullen, San Julio, Despedida, Aurelia, Rivadavia, José Menéndez, Las Violetas, Marina, Laura, Aurelia, Pilarica, Tepi y otras.

Con el tiempo los resultados fueron excelentes. En un campo con pastos naturales se necesitaban cuatro hectáreas para alimentar a una oveja, mientras que con las nuevas pasturas se podían poner cuatro animales por hectárea.

 

 

El proceso del INTA consistía en realizar primero el análisis de los suelos y después sembrar las pasturas. Hacia el norte de Río Grande había extensiones importantes, lo que no ocurría hacia el sur.

Tiempo después encararon investigaciones con ganado vacuno, mientras dejaban un poco de lado las pasturas en grandes extensiones porque las estancias habían entendido las ventajas tecnológicas y organizaban sus propios sembrados. Los técnicos sólo llevaban semillas nuevas y fertilizantes para probarlas y pasarlas a los ganaderos.

Cuando el ingeniero Serra viajó a capacitarse al exterior por más de un año, Eloy quedó a cargo de la Agencia de Extensión y mantuvo el desarrollo de todos los trabajos. En abril de 1978 se fue del INTA y volvió un tiempo a la Misión Salesiana para realizar tareas agrícolas como mayordomo rural.

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