Adhelma Stacul | Reconquista, Santa Fe

Extensionista del INTA Reconquista, provincia de Santa Fe.

UNA MUJER

Proveniente de una familia de origen austríaco que llegó al país en el siglo XIX, la maestra Adhelma Stacul de Di Leo nació en un obraje, pero vivió toda su vida en el tranquilo pueblo de Reconquista. Desde 1958 hasta 1991 trabajó junto al Ingeniero Agrónomo Lorenzo Crudelli en la Agencia de Extensión Rural; fueron años en los que se consagró a ayudar a las familias agrícolas, se casó y tuvo tres hijos.

Según su criterio, la investigación agrícola era una cosa, pero había un aspecto social que también tenía enorme relevancia para el productor, quien necesitaba un hombro sobre el cual poder llorar.

El trabajo era arduo y muchas veces ingrato. Los gringos casi no la dejaban entrar a sus chacras y los chacareros no le largaban los perros sólo porque veían que llegaba una mujer. Ella recuerda que abrir tranqueras no era como ahora. Eran otros tiempos, una realidad diferente.

El hombre de campo estaba habituado a que fueran a pedirle un chancho, una gallina, huevos. Pero Adhelma no quería nada. No se presentaba para solicitar: todo lo contrario, iba a ofrecer. Y en esos tiempos el nombre del INTA era una sigla desconocida, al igual que sus innovadoras funciones que llegaron más tarde para transformar la zona.

 

 

LA REVOLUCIÓN DE ADHELMA

Adhelma Stacul de Di Leo recorría los campos para ver qué necesitaban los campesinos y tratar de ofrecerles soluciones. Jamás pidió nada a cambio. Cuando las familias gringas entendieron esto la dejaron entrar y así iniciaron una larga relación que todavía se mantiene, basada en la comprensión de las necesidades de las familias que estaban aisladas y en duras condiciones de vida.

Estos vínculos se vieron facilitados por la organización del Arzobispado de Reconquista, a cargo de monseñor Juan José Iriarte, un hombre de avanzada dentro de la Iglesia. Junto a él se impulsó el Movimiento Rural Católico, al que se sumaron más tarde varias cooperativas. Adhelma participó en la organización del Grupo Coordinador de Promoción Rural. Fue el puntapié inicial que hizo rodar muchas actividades.

Reunidos en la Agencia del INTA, los representantes de la comunidad (docentes, cooperativistas) armaban programas basados en las necesidades que los chacareros volcaban en cada paraje.

Diversos grupos de productores se fueron organizando a través de las cooperativas o por fuera de ellas. También participaron agrupaciones de amas de casa, jóvenes y niños.

Se armaron los Clubes 4-A (Acción, Adiestramiento, Amistad y Ayuda) para jóvenes y los Clubes de Hogar Rural para mujeres.

Estos clubes tenían la intención de trabajar junto a las familias y abrirles las mentes para buscar soluciones a sus múltiples problemas.

El trabajo de Adhelma Stacul de Di Leo con los grupos de mujeres fue apasionante. Recuerda que era como ir al psicólogo. Las mujeres que vivían hacia medio siglo en las chacras tenían innumerables problemas: familiares, de salud, con los hijos, por la falta de dinero y por el papel de sumisión que le imponían los roles culturales. Muchas parecían ancianas a los 30 años de edad.

ABRIENDO CAMINOS

Entre tantos obstáculos que tuvo que superar, Adhelma recuerda la resistencia a la instalación de la electrificación rural. Para muchos era lo mismo encender una vela que apretar un botón y que se prendiera un foco. Las mujeres llevaban planchas y otros artefactos del hogar para tratar de convencer a los chacareros sobre sus beneficios. Debieron persuadirlos sobre las ventajas de las planchas, las batidoras, los ventiladores y los lavarropas.

Adhelma asistía a esos lugares junto al ingeniero Crudelli en un duro Jeep amarillo, sin puertas, resabio de la Segunda Guerra Mundial, abriéndose paso por los caminos de tierra de entonces, polvorientos y llenos de pozos.

Sin electricidad, sin una buena sede, sin caminos, sin comunicaciones,
en un clima hostil, Adhelma no sólo sobrevivió sino que realizó una importante labor.

En esa época la Agencia del INTA funcionaba en una pequeña pieza. La cocina estaba en el baño, sobre el inodoro. Como no había sillas trabajaban parados, apoyados en un armario.

Sus actividades incluían hasta consejos sobre higiene personal, ya que en la zona la educación era casi medieval. Las embarazadas parían a sus hijos en las casas, atendidas por sus propios familiares o por alguna matrona.

Fue Adhelma quien les llevó jabón y, además de higiene, les enseñó cómo funciona el cuerpo humano. Su tarea abarcó aspectos de nutrición, en especial relativos a la conservación de los alimentos, de manera que se pudieran guardar los excedentes en las chacras. Cuando llegó la electrificación los productos se pudieron almacenar mejor. También se consiguieron las tapadoras y máquinas para extraer
jugos.

EXCURSIONES EDUCATIVAS

Adhelma Stacul de Di Leo dice que si pudiese renacer le gustaría vivir lo mismo, porque en ese terreno se conoce a la gente y se atesora el valor humano.

De a poco Adhelma pudo ver cómo su labor daba resultados. En las escuelas se trabajaba con los chicos y después ellos seguían mejorando en los Clubes 4-A. Varios llegaron a ser dirigentes de las cooperativas e incluso uno de ellos aseguró: “mi universidad fue el INTA”.

En algunas ocasiones era la misma Adhelma quien debía hablar con los padres para que cedieran pequeñas parcelas a sus hijos. Una vez, un chico del norte de Santa Fe, en un pequeño espacio produjo mucho más que su familia en toda una hectárea.

Como estrategia para llamar la atención de las familias e inducir cambios, se compró un generador y un proyector de cine, y los cargó en el Jeep.

Primero brindaban enseñanza agro técnica y después pasaban la película, filmes de Luis Sandrini y otros actores argentinos. Adhelma recuerda que una vez, una mujer mayor que residía apenas a 15 kilómetros de Reconquista, le dijo: “Ahora me puedo morir tranquila, ya conocí el cine”.

Aparte de las películas, los jóvenes se interesaron por otras actividades, como el teatro, y empezaron a contratar colectivos para ir de excursión a la Fiesta de la Flor, en Escobar.

UNA RED SOCIAL: EL AGRO

Adhelma Stacul de Di Leo vio cómo se fue transformando la idiosincrasia de la gente del campo y el cambio que se operó con las nuevas generaciones. Los nuevos tiempos fueron creando mentalidades más abiertas.

La idea de capacitar a los jóvenes era lograr que con lo aprendido se quedaran en sus lugares, porque la migración a las ciudades estaba vaciando el campo. Había que mantener la red social del agro, sobre todo por la división de las propiedades y los nuevos cultivos extensivos.

Todos recuerdan el INTA Reconquista de esas primeras épocas. El trabajo era sacrificado, pero tenían una profunda vocación. No cumplían horario: eran extensionistas full time. Trabajaban los sábados y los domingos, con lluvia, calor o frío.

Como maestra, Adhelma sembró y el medio rural sigue cosechando sus enseñanzas.

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