Ing. Agr. Leonardo Galletti | Marcos Juárez, Córdoba

Ex Director de la Estación Experimental Agrícola (EEA)
del INTA Marcos Juárez, en la provincia de Córdoba

 

PASANTÍA

A los 84 años, el ingeniero Leonardo Galletti disfruta del mérito de haber formado parte del nacimiento de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Marcos Juárez.

Apreciado y respetado, este cordobés de San Marcos, hijo de agricultores, nació y vivió en el campo. Inició el secundario en Marcos Juárez, pero lo terminó en la ciudad cordobesa de Bell Ville. En 1948 comenzó su carrera de ingeniero agrónomo en la Universidad Nacional de La Plata. En ese entonces comenzó una pasantía en la Chacra Experimental Barrow, Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, que dependía del Ministerio de Asuntos Agrarios de esa provincia.

Si bien todavía era un estudiante, quería ver la realidad del campo sobre el terreno y conocer las cuestiones prácticas. Estuvo un año y medio en Barrow. Allí conoció el manejo de una Estación Experimental, en tiempos en que el INTA todavía no existía.

 

MAÑAS

Después trabajó seis meses en el centro agro técnico de Pergamino, que desde 1956 funcionaba como Experimental Agropecuaria.

Esa fue una experiencia que resultaría de enorme utilidad ya que le permitió ver cómo operaba una institución de investigación agrícola por dentro.

De ahí volvió a colaborar en el campo de sus padres, pero como el tiempo le sobraba, además consiguió el cargo de jefe de la materia agricultura en la Escuela de Bell Ville y el cargo de profesor de forrajes y de cereales.

En ese tiempo comenzó a gestarse la creación de un organismo agro-tecnológico autárquico, independiente en materia administrativa, técnica y económica: el INTA. Supo que en una primera etapa se crearían Agencias de Extensión y que se abriría el primer concurso para cubrir cargos técnicos. Galletti presentó sus papeles y consiguió el cargo de jefe de la Agencia de Extensión Rural (AER) Marcos Juárez, donde empezó a trabajar el 21 abril de 1958.

Su jurisdicción abarcaba los departamentos cordobeses de Unión y Marcos Juárez, y parte de la provincia de Santa Fe.

El contexto era difícil y preocupante. El Presidente Arturo Frondizi se había hecho cargo de la conducción del país en mayo de 1958 y existían dudas sobre el futuro del INTA. Sin embargo, todo lo que siguió fue más favorable ya que el nuevo Gobierno nacional apoyó con énfasis las tareas de investigación y de extensión agrícola. De esa manera el INTA pudo crecer y desarrollarse, no como un organismo estático sino como una entidad dinámica.

ENTRE DOS PROVINCIAS

La Agencia de Extensión inició sus actividades en julio de 1958, apenas dos años después de la creación del INTA. La jurisdicción abarcaba una extensión demasiado grande: el este de la provincia de Córdoba y parte de Santa Fe.

Como se comentaba que iban a crear otras Agencias de Extensión y nuevas Experimentales, el Ingeniero Agrónomo Ubaldo García, Director Nacional del INTA, entusiasmó a Galletti para que gestionara la compra de un predio para el Campo Experimental de la futura Estación, mediante ofertas públicas.

El primer concurso para crear una EEA a 20 kilómetros de Marcos Juárez fracasó, al igual que otro que ponía como condición que el campo estuviera a 40 kilómetros. La promoción de las licitaciones fue deficiente y las ofertas no resultaron interesantes. Luego se les propuso a los propietarios que vendieran sus campos, sin éxito.

Para dar participación a la comunidad, Galletti creó tres comisiones (Marcos Juárez, Monte Buey y Leones) que debían impulsar la creación y determinar dónde se iba a instalar la Estación Experimental. Entre ellas se materializó una intensa puja de intereses. La de Marcos Juárez estaba integrada por representantes de las fuerzas vivas relacionadas con el campo, como cooperativas (entre ellas la Agrícola Ganadera, General Paz, Agricultores Federados, Tambera Granjera y Tambera Zona Norte) y además por la Federación Agraria Argentina (FAA), el Centro de Productores Rurales, el sector comercial y las industrias agroalimentarias.

El intendente de Marcos Juárez, Juan Marcantonio (que a su vez presidía la Comisión de las fuerzas vivas), brindó un apoyo entusiasta.

Surgió la idea de instalarla en un sector comprendido dentro del triángulo que formaba la jurisdicción de esas tres localidades, pero no hubo acuerdo entre las comunidades, de manera que las tres comisiones trabajaron en forma independiente.

Otras zonas pretendían llevarse la nueva EEA, como Leones, que ya festejaba su Fiesta Nacional del Trigo y tenía la infraestructura requerida.

En Monte Buey había un criadero y semillero de la firma Benvenuto que iba a cambiar de actividad y fue ofrecido al INTA. Pero Monte Buey no tenía pavimento y el campo que se ofrecía en Leones, propiedad de una mujer inglesa, presentaba problemas por tener que desalojar a los arrendatarios.

Nada se pudo consensuar y ambos fueron descartados.

Marcos Juárez parecía el mejor lugar ya que se presentaba como un nudo de comunicaciones y estaba equidistante de otras Estaciones, como Rafaela, Oliveros, Manfredi y Pergamino.

El problema es que allí no aparecía un predio adecuado, cuya extensión tuviera entre 800 y 1.500 hectáreas. Los dueños de las grandes estancias no estaban interesados.

La Comisión había formado subcomisiones para detectar opciones de compra a través de entrevistas y visitas a propietarios de grandes establecimientos rurales, como Ayerza, Moreno Bunge, Apraiz y otros.

Galletti acompañaba estas gestiones para colaborar en la negociación económica. Sabía bien hasta cuánto podía pagar.

Sin embargo, lo que parecía que iba a ser fácil se fue complicando.

La posibilidad de unir varias propiedades vecinas se frustró ya que ninguna zona cubría los requisitos: el predio debía estar sobre una ruta pavimentada, cerca de una ciudad y tener suelos de buena calidad para los ensayos porque ya se pensaba en el plan de mejoramiento genético en trigo.

Pasaba el tiempo y los miembros de la Comisión Pro-Creación de las Fuerzas Vivas se desanimaban. De pronto, alguien comentó que había un campo grande cerca de Marcos Juárez, perteneciente a la sucesión de Pedro B. Chiessa, de Chiessa Hesperia S.A. y Ferretería Chiessa, de Rosario. Nadie conocía a los dueños reales, aunque se sabía que eran muchos. Eran propietarios de 6.000 hectáreas, al sur y sudeste de la ciudad.

¿QUÉ ES EL INTA?

Acompañado por Alberto Maestri (Centro de Productores Rurales de Marcos Juárez), Galletti habló con el apoderado general de la sucesión, Ángel Catelli, quien se mostró interesado y adelantó que los herederos estaban dispuestos a vender. Pero ¿qué es el INTA?, preguntó.

Galletti tuvo que explicarle que se trataba de un instituto tecnológico que contaba con 300 millones de pesos en moneda nacional para instalar cincuenta Estaciones Experimentales en todo el país, y que el pago sería al contado. El empresario pidió una semana para hablar con los herederos.

En total los trámites duraron dos meses. Mientras los apoderados y abogados consultaban a los herederos que vivían en Italia, el tiempo pasaba y se vencía el plazo de la licitación. En forma constante se informaba al Director Nacional García y al entonces Presidente del INTA, Horacio Giberti, además de al Ingeniero Agrónomo Walter F. Kugler, Director del Centro Regional Pampeano. El 29 de diciembre de 1958 se firmó el boleto de compra venta. El ingeniero Kugler tomó posesión, en representación del INTA.

A TODA MÁQUINA

Como el Intendente había pedido que la inauguración coincidiese con el aniversario de la fundación de Marcos Juárez, el 19 octubre de 1959, hubo que limpiar y emparejar a toda velocidad las 1.451 hectáreas con seis equipos que tomaron a su cargo 200 hectáreas cada uno.

El Director Nacional Ubaldo García se encargaba de gestionar, mientras tanto, el presupuesto para las obras edilicias y otras mejoras, que sería cuantioso. En esos tiempos licitaron la construcción del edificio principal y del pabellón grande.

Galletti logró que sobreviviera la Comisión Pro-Creación con el objetivo de que siguiera funcionando como consejo asesor, porque si bien él conocía la zona, necesitaba tomar decisiones importantes y requería de la participación de la comunidad, representada en ese grupo de catorce personas.

Por su eficiente participación en la ubicación, selección y compra del predio, Galletti fue designado Director interino, con el encargo de poner en marcha la nueva Estación Experimental. Los técnicos continuaron trabajando en la calle Belgrano porque en el predio no había agua ni luz. Para ir debían movilizarse en sulkys o en una motocarga, e iluminarse con faroles.

Galletti se encargó de alambrar el campo, trazar los caminos internos que lo dividieron en 14 lotes, dirigir la plantación de árboles y arbustos en el parque de 37 hectáreas y contratar las obras necesarias.

Al mismo tiempo gestionó la compra de la maquinaria agrícola, incorporó al personal, organizó la administración y comenzó la preparación de los suelos para sembrar especies forrajeras destinadas a la producción de semillas. Los trabajos abarcaban cultivos de trigo, cebada forrajera, centeno, avena, vicia y lino, además de sorgo granífero.

PAISAJISMO

Galletti comenzó con las obras en el parque. El ingeniero García le había pedido que en diez meses todo quedara “hecho una pintura”. Había que nivelar, arar, alambrar todo el perímetro con tendidos de buena calidad, diseñar los caminos interiores y las aguadas, y estructurar el parque de acuerdo a los dictados del Ingeniero Agrónomo Ernesto Pablo Belli, un experto en paisajismo que había instalado las cortinas forestales desde Marcos Juárez hasta Córdoba. Este especialista indicaba dónde debía ubicarse cada edificio para los técnicos, su orientación y hasta los sistemas de iluminación, en el parque de 37 hectáreas. El proyecto contemplaba que en un plazo de dos años fueran plantados 3.000 árboles y arbustos florales.

El equipo se comprometió a hacer la tarea en un año y al final la completaron en diez meses. Fueron actividades que costaron poco dinero, se hicieron fuera de horarios de trabajo, los sábados y domingos, cuenta Galletti.

El abastecimiento de agua era un problema serio en la Estación de Marcos Juárez. El ingeniero Galletti usó su relación personal con el Intendente de Marcos Juárez, Henry Bautista de la Rosa, para solucionar el problema. En 1980 las instalaciones pudieron conectarse a la red potable. Además, planteó que necesitaban gas en el predio, lo que también fue solucionado a través de sus contactos. Tanto el Intendente como Galletti formaban parte del Rotary Club.

También hubo que superar los problemas derivados de la deficiente conexión eléctrica de la EEA. Al principio se utilizaban motores para suministrar luz. Tiempo después y en un claro avance hacia el desarrollo de la zona, el INTA promovió la electrificación rural en la región.

PIAMONTÉS

La región de Marcos Juárez se distinguía por ser una zona diferente y con mayor impulso progresista que otras en Córdoba. Esta característica derivaba de sus diversas actividades agrícolas e industriales, lo cual generaba mejores ingresos y Grandes producciones.

Marcos Juárez se erigió como un conglomerado que reúne el agro, las industrias y el comercio, junto a una comunidad integrada por descendientes de inmigrantes, sobre todo italianos piamonteses. Eran trabajadores y empresarios con ánimo de progreso. En ese contexto, la labor del INTA se vio muy facilitada.

Galletti trabajaba en la extensión. Recorría las explotaciones rurales junto al Ingeniero Agrónomo Carlos Robledo y el agrónomo Santiago Caminotti. Tuvieron buena aceptación por parte de los campesinos, que no se resistían al cambio tecnológico.

Fue un acierto armar la EEA con la colaboración de las cooperativas. Sus dirigentes abrieron las puertas y esa relación permitió que los técnicos materializaran los objetivos del INTA.

En la zona agro-ganadera de explotación mixta, los investigadores llevaron prácticas novedosas, forrajeras, mezclas de pastura, nuevas variedades y cronogramas de siembra: un cambio tecnológico intensivo.

Para el manejo del ganado hubo avances en el estacionamiento de las pariciones de vacunos, en las zonas de invernada y de cría.

La Estación Experimental contaba con todos los elementos necesarios para trabajar, era la época del oro del INTA, que disponía de importantes recursos. Incluso tenían equipos para proyectar películas de cine y generadores para hacerlos funcionar.

A su vez, el agrónomo Caminotti trabajaba con las juventudes rurales en las escuelas de la zona y logró formar los Clubes 4-A (amistad, adiestramiento, actitud y acción).

Robledo y Galletti, como asesores técnicos, armaban grupos de trabajo a través de los líderes rurales.

MÁSTER

En febrero de 1959 Galletti se hizo cargo del campo. Fue Director interino hasta que se designó al ingeniero Ernesto F. Godoy.

En esa época, el Director Nacional García le dio la oportunidad de ir a capacitarse al exterior. Galletti fue a la Universidad de Costa Rica (UCR), donde obtuvo un Máster en Agricultura y Ciencias Sociales en la Facultad de Ciencias Sociales.

A su regreso se encargó de dar mayor impulso a la extensión con el objetivo de crear agencias rurales en diferentes localidades. Ya estaban operando las AER de San José de la Esquina y de Casilda. Él se encargó después de armar otras diez Agencias, para lo cual el Director Godoy lo nombró Supervisor. Galletti debía maniobrar con la extensión en tiempos en que la EEA Marcos Juárez abarcaba partes de las provincias de Santa Fe y de Córdoba.

Con la experiencia adquirida en las Comisiones de las Fuerzas Vivas formó grupos comunitarios para que el proceso de cambio no se limitara a abrir oficinas agro técnicas. Quería que la comunidad se comprometiera con cada proyecto. Los productores y la sociedad debían entender que la EEA era de ellos.

Con el tiempo, el INTA se regionalizó y optó por una división política con jurisdicciones que estaban dentro de los límites de las provincias, de manera de optimizar las gestiones con los gobernadores y sus ministros. Así se dividió el sector cordobés entre Manfredi, que tomó el sector norte, y Marcos Juárez, que abarcó la parte sur.

En Marcos Juárez, una zona más húmeda para la agricultura y la ganadería, se estableció el programa triguero del país. En ese momento se comprendió la importancia del requisito de tener suelos aptos cuando se compró el predio. Allí surgieron, Entre otros logros, las variedades de trigo cruzadas con germoplasma mexicano (Marcos Juárez INTA 1972).

EXPERIENCIAS INTERNACIONALES

En 1965, treinta y cinco productores viajaron a los Estados Unidos, aprovechando que el Ingeniero Agrónomo Walter F. Kugler se desempeñaba como Secretario de Agricultura y Ganadería de la Nación, durante la presidencia del doctor Arturo Illia. Desde esa función se conectó con la Agencia Norteamericana para el Desarrollo Internacional (USAID) con el objetivo de promover visitas de capacitación de productores agropecuarios argentinos a ese país.

Debían recorrer zonas que fueran parecidas a Marcos Juárez para que hubiera una similitud en las producciones, en los problemas y en las soluciones que conseguían los establecimientos rurales. El viaje abarcó áreas de Wisconsin y otras regiones, donde visitaron Estaciones Experimentales, departamentos de extensión y cuarenta chacras; todo el equipo estaba encabezado por Galletti.

El acercamiento comenzó con los días de campo, donde se les mostraba pacientemente la Estación, los ensayos de trigo y otras propuestas que sirvieron para ganar la confianza. Los jóvenes que pasaron por los Clubes 4-A tuvieron una actitud mucho más permeable porque tenían otra formación.

TRIGO CON NOMBRE PROPIO

Por esas épocas hubo cambios importantes en el funcionamiento de las investigaciones agrícolas. Todo el trigo que se estudiaba en Pergamino pasó a Marcos Juárez, junto con los laboratorios y los elementos necesarios para los ensayos. Pergamino se quedó con las investigaciones sobre maíz, a Manfredi le correspondió el maní y a Rafaela los estudios sobre el tambo. Estas divisiones apuntaban a concentrar los esfuerzos.

Respecto a la soja, se habían realizado adelantos. Empresas como Agrosoja se estaban instalando en el país para comenzar a producir la oleaginosa. El objetivo era diversificar los cultivos. El primero que empezó a estimular esas transformaciones fue el agrónomo Caminotti.

Durante la gestión del ingeniero Enrique Cabrini, entre 1972 y 1982, los japoneses firmaron un convenio de apoyo tecnológico para la soja. Los enviados de Japón estuvieron en el Campo Experimental para ver cómo se trabajaba.

El resultado fue el armado del Plan Nacional de Soja, después de trigo. La famosa variedad de trigo “Marcos Juárez INTA” se llegó a difundir en las tres cuartas parte del área sembrada de todo el país en 1971. Las funciones que desarrollaba el ingeniero Galletti eran de Director reemplazante, no de subdirector, como lo había propuesto el ingeniero Cabrini durante su gestión. Hasta su jubilación, siempre ocupó el cargo de Director reemplazante.

Además ocupaba su tiempo como piloto civil. Manejaba el avión Cessna del INTA, utilizado para recorrer las grandes distancias que cubría la jurisdicción de la Estación Experimental. En la década de 1990 este servicio desapareció.

LOS ’90

Todo se complicó con los altibajos que se vivieron durante la década de 1990, cuando el Ministro de Economía, Domingo Cavallo, mandaba a los investigadores “a lavar los platos” y se creía desde el Gobierno nacional que el INTA debía cerrar. No había plata para las investigaciones y los fondos sólo alcanzaban para pagar los sueldos. Se produjo entonces un tremendo vaciamiento de personal. No se nombraba a nuevos profesionales para reemplazar a los técnicos que se jubilaban o a los que optaban por renunciar.

Como una salida de emergencia se acordó buscar acuerdos con las cooperativas para generar recursos. Por otra parte, se encontró la solución de vender las producciones de la EEA y destinar esos fondos a la Asociación Cooperadora para costear investigaciones y tareas de extensión rural en sus jurisdicciones.

La Asociación Cooperadora de Marcos Juárez, fundada el 1° de marzo de 1975, fue la más importante del país debido a los cuantiosos recursos que manejaba. Estos eran administrados por un consejo asesor (integrado por productores agropecuarios de la zona) y generados por sus propias actividades y por la producción de la citada EEA.

MULTIPLICACIÓN

Cuando el Ingeniero Agrónomo Ernesto F. Godoy fue designado Director, se avanzó en la creación de nuevas Agencias de Extensión en Las Rosas y en San José de la Esquina.

Con el tiempo le tocó a Galletti, como Supervisor en Extensión de la EEA (cargo que ocupó durante doce años, entre 1962 y 1984), hacer lo mismo para impulsar el nacimiento de otras diez: Noetinger, Bell Ville, La Carlota, Justiniano Posse, Laboulaye, Cañada de Gómez, Las Rosas, Corral de Bustos, Arias y Huinca Renancó, además de manejar la de Marcos Juárez.

Desde 1985, a partir de la regionalización del INTA, se incorporaron a la Experimental de Marcos Juárez los departamentos de Río Cuarto y General Roca. Así fueron incluidas las agencias Río Cuarto, Coronel Moldes y Huinca Renancó. Simultáneamente se produjo la transferencia de Cañada de Gómez, San José de la Esquina, Las Rosas y Casilda, a Santa Fe. Las AER recibían aportes de instituciones agropecuarias y de las municipalidades para sostener su funcionamiento.

El INTA quería dar una intervención más activa a los productores porque consideraba que quien pagaba tenía el derecho a exigir. Era una forma de presionar también a los agricultores para que usaran los servicios del instituto agro-tecnológico. Después de la década de 1980 las políticas nacionales restrictivas complicaron la planificación. Sólo lo que estaba proyectado y en construcción se llevaba acabo, el resto de los trabajos
era suspendido.

En 1982 se anunció un nuevo crédito INTA-BID (Banco Interamericano de Desarrollo). Gracias a su experiencia anterior, Galletti avanzó con rapidez en la creación de un consejo técnico,con un representante de cada uno de los departamentos de investigación y de extensión. Había que anticiparse a los acontecimientos y tener todo listo.

Se armaron con celeridad las carpetas para los diez proyectos de laboratorios, la sala de dirección, la ampliación del área de semillas y los nuevos sistemas de suministro de gas y de agua corriente, que debían cubrir las 37 hectáreas.

Galletti sabía que esos préstamos se podían cortar por sorpresa, como ya les había pasado. Por eso actuó con rapidez y presentó los diez proyectos en el BID. Como estaban entre los primeros, fueron aprobados. Las obras fueron licitadas y salieron como se había pensado. A los dos años se anunció que se interrumpía el plan, pero los trabajos que estaban en marcha iban a continuar, de manera que pudieron completarse.

RESULTADO FINAL

De 1960 a 2008, el rendimiento por hectárea del trigo aumentó de 1.333 kilos en promedio a 2.804; el maíz creció de 1.702 kilos a 6.447; el sorgo subió de 1.673 kilos a 4.748; el girasol trepó de 734 kilos a 1.810; el lino aumentó de 739 kilos a 1.053 y, finalmente, la soja se incrementó de 969 a 2.891 kilos.

Esto refleja los resultados que generaron las tareas de investigación y de extensión del INTA en el sudeste de Córdoba.

Leave a Reply