Ing. Qco. Leonardo Duga | Bariloche, Río Negro

Ex jefe del Laboratorio de Fibras Textiles (antes Laboratorio
de Lanas) de la Estación Experimental Agrícola del INTA Bariloche

LANAS

A pesar de que aún no había sido inaugurado el primer edificio de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Bariloche, el 1° de diciembre de 1969 el Ingeniero Químico Leonardo Duga se hizo cargo del Laboratorio de Lanas, financiado por el BID-BIRF. Este profesional, oriundo de Bahía Blanca, trabajó en la instalación de los equipos, que eran entonces muy modestos.

El predio de diez hectáreas de la EEA del INTA Bariloche, recostado sobre el lago Nahuel Huapi, había sido gestionado por el entonces Director, el ingeniero José Lesjak. El Campo Experimental se ubicaba a 700 kilómetros de distancia, en Río Mayo, adonde no era fácil llegar.

Por ese entonces estaba en marcha el legendario convenio del Proyecto INTA-FAO para investigar acerca de la producción ovina en la Patagonia. Enfocado en el mejoramiento genético de las majadas el proyecto, que se desarrolló entre 1967 y 1973, buscaba aumentar la producción y la calidad de la lana. Para llevarlo adelante fueron contratados varios alumnos de la Universidad del Sur, en donde estudiaba Duga (en esos momentos avocado a su tesis final en el Laboratorio de Lanas de esa casa de estudios). Los alumnos debían realizar los primeros análisis de las muestras que habían obtenido los especialistas australianos en la Patagonia y que incluían numerosas pruebas en distintas zonas. Ese fue su primer contacto con el INTA.

 

Duga trabajó un tiempo en las pruebas de calidad y cuando finalizó esta tarea le propusieron poner en marcha el Laboratorio de Lanas de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Bariloche.

En los primeros tiempos fue un establecimiento muy precario. Para el funcionamiento de la Estación se habían habilitado unos laboratorios provisorios en un local ubicado en el centro de la ciudad de Bariloche, mientras se adquiría el campo en el que iba a instalarse la EEA, a poca distancia. Paralelamente, en el predio comenzaron las construcciones de los edificios definitivos.

Los objetivos iniciales de la Estación Experimental eran la generación y la transferencia de tecnología al sector ganadero ovino extensivo.

El Laboratorio de Lanas fue el primero en la Argentina en realizar análisis de control de calidad para el mejoramiento genético de majadas con asesoramiento y apoyo técnico.

LANÁMETRO

El análisis de laboratorio de la producción lanera era algo inédito en aquellos tiempos y resultaba una herramienta importante para mejorar la producción y tener una dimensión real de las cualidades del producto al momento de vender la lana. Era necesario que los productores conocieran con exactitud las principales características de sus lotes ya que esas características determinaban de forma directa el precio. Esto era posible solamente mediante la medición objetiva de una muestra
representativa del lote.

Las ventajas de realizar el análisis se basaban en que permitían al productor conocer tanto las virtudes como los defectos de su producción, y decidir los cambios de manejo que mejorarían su producto.

Además, la información del análisis de laboratorio junto con los datos de precios del mercado permitía conocer con mayor certidumbre el valor de la lana.

El uso de la información objetiva siempre fue una condición necesaria a la hora de comercializar un lote de lana, ya sea en el mercado nacional como en el internacional.

En febrero de 1970, cuando se mudaron al nuevo edificio, empezaron a desarrollar los primeros ensayos y pruebas de calidad en el Laboratorio de Lanas. La cantidad de muestras, los lentos procesos de análisis por la tecnología disponible y la necesidad de lograr resultados con rapidez obligaron a trabajar en horario corrido las 24 horas, en tres turnos.

El ingeniero Duga recuerda que para el análisis de finura se utilizaba un aparato denominado “lanámetro” (microscopio de proyección), que medía el diámetro de 300 fibras. Su operación requería de dos personas y demoraba aproximadamente 45 minutos por muestra. Los resultados finales eran obtenidos en forma manual con elementos básicos de cálculo.

La demanda de análisis de calidad de lanas creció en forma exponencial, lo que derivó en la necesidad de modernizar la metodología de análisis y los equipos.

En esos tiempos el ingeniero Duga trabajó (diccionario en mano, cuenta) con dos expertos australianos: el profesor Ken Campbell (quien estaba ansioso por terminar el armado del laboratorio porque con eso completaba su tarea del Programa INTA-FAO y podía volver en pocos meses a su país) y el experto de la FAO Brian C. Jefferies.

De forma inmediata comenzó la instalación de los equipos, la puesta en marcha de los servicios esenciales (caldera, sala acondicionada) y la selección del personal auxiliar.

INTERNACIONAL

Por haber trabajado en ese proyecto y gracias a una beca de la FAO, el ingeniero Duga se perfeccionó en tecnología de lanas en la Universidad de New South Wales, Australia, en la desaparecida Escuela de Lanas y Ciencias Pastoriles. Luego viajó para capacitarse en organismos afines en los Estados Unidos, entre 1972 y 1973.

A lo largo de treinta y dos años y medio trabajando en el INTA (está jubilado desde 2002), el ingeniero Duga hizo crecer el Laboratorio de Lanas (hoy llamado Laboratorio de Fibras Textiles) y lo fue transformando poco a poco. Le dedicó todos sus esfuerzos, incluso descuidando a su propia familia.

Está casado desde hace cuarenta años con la señora Rosa Spindler. Desde su jubilación trata de recuperar el tiempo que no estuvo con la familia y de disfrutar de sus nietos.

De todas formas no perdió el contacto con el INTA. Está vinculado a través de la Asociación Cooperadora, de la cual es protesorero en la Comisión Directiva, y también se desempeña como coordinador de la Asociación de Profesionales Técnico-Científicos de Investigación o Desarrollo (APeTeCID), integrada por personas en actividad y por jubilados para defender sus intereses.

 

EQUIPO ÚNICO

Gracias a los equipos que Duga consiguió y puso en marcha con bastante trabajo, y mediante los que logró resultados impresionantes, el laboratorio está considerado como uno de los más avanzados en el mundo en lo relativo a fibras textiles de origen animal.

Es uno de los seis establecimientos más tecnificados del planeta. Algunos equipos son únicos en América, como el sistema de rayos láser para medir la finura de la lana que realiza la medición de varios miles de fibras en pocos minutos, con gran precisión y exactitud.

Cuando volvió de su especialización en el exterior, además de avanzar con los análisis para el mejoramiento de la selección de lana sucia, Duga comenzó a preparar el equipamiento para hacer muestras de caladuras comerciales (método que en la jerga comercial se llama “core test”, que sirve para obtener muestras de los fardos).

Fue el primer laboratorio en analizar las caladuras comerciales de acuerdo a las normas internacionales vigentes de la Organización Mundial Textil Lanera (International Wool Textile Organization o IWTO), mediante la implementación de un sistema oficial de toma de muestras. Muchos productores no enfardaban la lana, sino que simplemente la ponían en lienzos que no se podían calar, de manera que hubo que modificar el sistema de acopio.

Estaban empezando a cambiar muchas cosas en la producción ovina de la Patagonia y el epicentro era el Laboratorio de Lanas del INTA Bariloche.

ENSAYOS

En aquellos tiempos los técnicos debían convencer a los productores para que adoptaran muchos cambios importantes, como pasar de la esquila maneada (con animales atados de los cuales no se podía obtener toda la lana) a la esquila suelta (que permite esquilar toda la lana, con ovejas sin atar), técnica más utilizada en la actualidad.

Eran épocas en que los productores seleccionaban sus animales clasificaban y vendían la lana con métodos bastante primitivos.

Hubo que enseñarles a clasificar los vellones y a mejorar las prácticas de trabajo. Duga armó y perfeccionó un sistema de clasificación y tipificación de lanas que se mantuvo vigente durante quince años para toda la Argentina. Fue el sistema oficial nacional y la base para el inicio posterior de PROLANA (Programa de Asistencia para el Mejoramiento de la Calidad de la Lana) del INTA.

Este plan consistió básicamente en adoptar el método de esquila suelta, acondicionar la lana según los requerimientos de la demanda y empaquetarla en envases de polietileno, de un espesor mínimo de doscientos micrones, o de cualquier otro material aprobado por la Federación Lanera Argentina.

La tarea de extensión del INTA apuntó a difundir prácticas de trabajo que los ganaderos no conocían, como la metodología de clasificación, la tipificación de los lotes comerciales, el enfardado, el acondicionamiento, la preparación para la venta y la obtención de muestras para el análisis de calidad, de manera de contar con un certificado que indicara y garantizara con certeza las características del producto y conocer así su cotización en el mercado internacional (con valores actualizados). De esa forma, los productores podían defender un mejor precio para su lana en el momento de la comercialización con los acopiadores.

Como el INTA recibía el 1% del valor de las exportaciones agropecuarias por sus servicios técnicos, los análisis eran gratuitos. Esa tarea de extensión era amplia porque, a la difusión de las prácticas de producción, se le agregaba la de enseñar a interpretar los resultados de los análisis, a conocer que la finura (diámetro medio) de las fibras se medía en micrones y qué significaba esa unidad de medida.

Además, les enseñaban qué es y qué implica el rinde “Peine Schlumberger seco”, el rinde al lavado, el porcentaje de materia vegetal y la valuación de su producto en los mercados internacionales.

DOS SENTIDOS

Antes del laboratorio los productores vendían por estimaciones subjetivas de calidad. El ingeniero Duga relata que cada productor atesoraba sus vellones porque era todo lo que tenía, y suponía que le pagarían más que a sus vecinos porque siempre estimaba que la producción de su campo era de mejor calidad que el resto. En general, los ganaderos creían que manejaban la mejor lana a ojo y tacto.

Con el tiempo, en un trabajo largo y tesonero, desde la Estación Experimental lograron cambiar esa percepción. Ahora más del 90% de los productores del país recurren al INTA para obtener las muestras y conseguir los certificados de calidad para vender sus lanas según las normas de la International Wool Textile Organization (IWTO).

Al principio los exportadores no tenían ningún interés en que los productores conocieran la calidad, pero al final tuvieron que aceptar los cambios que eran inevitables. Ahora exigen el certificado para determinar el precio.

Algunos establecimientos que utilizan hace años el nuevo mecanismo consideran que ni siquiera hace falta mandar a sus especialistas para ver la lana, dado que les basta con el certificado.

En el laboratorio de lanas empezaron trabajando con ovinos en las estancias más importantes de la Patagonia, pero después el trabajo se amplió considerablemente.

INGENIO CRIOLLO

Dado que algunas veces los recursos monetarios escaseaban, había que recurrir al ingenio criollo para resolver los problemas que se presentaban.

Por ejemplo, cuando no disponían de la maquinaria necesaria para hacer las muestras de caladura, inventaron un recipiente de plástico para lavar en el que la paleta mezcladora era accionada por el motor de una vieja máquina de coser que habían encontrado tirada en algún lado.

Con el tiempo el laboratorio fue creciendo. Había comenzado humildemente a trabajar con muestras de lana de ovinos para el mejoramiento de las majadas en las estancias de la Patagonia. Después agregó los análisis de comercialización de lotes con muestras de caladuras (core test). Y, a continuación, avanzó en el análisis del pelo de cabra de Angora (mohair) y sus cruzas, en búsqueda de la calidad y para detectar los defectos o problemas de la producción en las zonas de Ingeniero Jacobacci y de Zapala.

Para eso tomaron contacto con instituciones internacionales, en especial de Sudáfrica, con el objetivo de exponer la calidad del producto que ofrecían. Fue elaborado además el Sistema de Clasificación y Tipificación del mohair, que se usó durante algún tiempo. Siguió con fibras de camélidos sudamericanos (llamas, alpacas, vicuñas y guanacos), además de lana de cashmere (una de las fibras de cabra más escasas y extrañas del mundo, por lo cual es también una de las más valoradas).

Finalmente atendió la demanda de control de calidad de pelo de conejo de Angora, que tuvo su tiempo de gloria en una época en que funcionaban varios centros de producción, algunos de ellos en la Patagonia, en el Alto Valle y en Bariloche. Los estudios se hacían para interesados de la Argentina y del exterior.

Todas estas fibras pueden analizarse en bruto (materia prima) o como producto semielaborado después de procesamientos primarios (lavada, carbonizada, tops e hilado) utilizando métodos propios o normas IWTO (International Wool Textile Organization). De esta manera el Laboratorio de Tecnología Lanar pasó a ser un Laboratorio de Control de Calidad de Fibras Textiles de Origen Animal.

En la actualidad se dedica a analizar muestras de lanas en estado sucio, lavadas y hasta cintas de industrialización primaria o tops (lana peinada), ya sea de productores, de asociaciones de productores, de universidades o de industrias, tanto argentinas como del exterior, para conocer la calidad total de la producción.

ESQUILA PREPARTO

Otro cambio importante fue el avance que se logró con la esquila preparto.

En los viejos tiempos todos los ganaderos de la Patagonia esquilaban en diciembre (postparto) y había problemas cuando se registraban inviernos muy duros. Los animales no tenían para comer y en la fibra de la lana se producía estrés, se afinaba y se cortaba cuando la estiraban.

La propuesta fue esquilar antes del parto (preparto) y cortar exactamente en el lugar más fino la lana. Entonces una fibra que era débil pasaba a ser más fuerte.

La producción resultó mucho más limpia porque no sufría los vientos de la primavera y del verano. Pesaba menos porque llevaba menos tierra y materia vegetal, pero tenía más valor por sus buenas características de calidad.

El laboratorio apoyó con sus ensayos la labor de los técnicos del área de Producción Animal, que logró un importante aumento en la supervivencia de los corderos gracias al sistema preparto.

Hubo que encarar toda una estrategia para poder llevar adelante cambios que no eran demasiado aceptados. El discreto sistema de captación empleado para persuadir a los productores consistía en convocar a tres o cuatro de ellos de cada región, hacer los análisis de sus lanas, organizar reuniones y explicarles los resultados.

En la Estación Experimental Agropecuaria sabían que los ganaderos se juntaban y comentaban las ventajas de los certificados, y así tentaban el cambio. Ellos mismos decidieron modificar sus sistemas de trabajo y la renovación se fue extendiendo.

Hasta los exportadores, que se resistían a la innovación, al final entraron en el sistema de buen grado, al punto que no era necesario que fuese un verificador a controlar en persona la calidad de la lana, sino que les bastaba con el certificado del Laboratorio del INTA.

MAPA LANERO

Aunque la producción de ovinos disminuyó en la mayor parte de la Patagonia, hay regiones de monoactividad que no se pueden diversificar. Las ovejas son la principal fuente de ingresos de productores en las zonas de Neuquén y de Río Negro. Existe una buena cantidad de minifundistas que tienen trescientas ovejas o trescientas cabras.

Ahora pueden formar cooperativas y clasificar todo el mohair para venderlo directamente a Sudáfrica. Ese mayor ingreso les va cambiar la vida, explica Duga.

Como la certificación era incompleta y se necesitaban más datos sobre el rendimiento y la finura derivados del proceso de caladuras, debieron instrumentarse medidas adicionales, adaptadas al mercado internacional.

Se procedió a sacar una muestra anual al azar de cada fardo de lana sucia para medir el largo de mecha, su resistencia a la tracción, el color y el punto de rotura. Así se fue completando un análisis integral sobre la calidad de la lana de cada uno de los lotes. También les acercaban a los productores los precios del mercado internacional. Todo eso iba en favor de ellos.

Se elaboró y publicó el primer mapa argentino con la distribución de las diferentes calidades de lana en el país. La demanda crecía y era necesario modernizar el equipamiento de la Estación Experimental.

En 1990, el ingeniero Duga fue designado Coordinador del Proyecto Integrado de Investigación y Desarrollo en Fibras Textiles de Origen Animal (se lo conoce como FTOA), perteneciente al Programa de Modernización de Servicios Agropecuarios (PROMSA), de la ex Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA) de la Nación, financiado por el INTA, el BID (BIRF) y el Banco Mundial. Duga
fue el autor del proyecto.

Uno de los alcances más valiosos fue la modernización del Laboratorio de Control de Calidad de Fibras Textiles del INTA Bariloche.

También sirvió para darle características de excelencia, al igual que al Laboratorio INTA Rawson (en 1995), porque el plan no se limitaba a la Estación Experimental barilochense, sino que planteaba la necesidad de encarar acciones regionales en la Patagonia (norte y sur), en el sur de Buenos Aires y en Corrientes.

Por eso se trabajó junto al INTA Balcarce en la formación de cooperativas y asistencia en el acondicionamiento de lanas para preparar los fardos y sacar las muestras. También en el desarrollo de actividades ovinas-laneras en Ayacucho y en Pringles.

En Mercedes, provincia de Corrientes, se hicieron estudios sobre las coloraciones de las lanas, que presentaban dificultades debido al calor. Fue un proyecto integral, para todo el país, remarca Duga.

Se realizaron estas actividades a pesar de que a nivel mundial la lana fue perdiendo peso frente a otras fibras textiles. En 1900 contribuía con el 22% del total de fibras textiles. Cuando aparecieron las fibras textiles sintéticas, la lana fue bajando su participación hasta llegar al 5%. En la actualidad está en el 1,5%, aproximadamente.

También se redujo la cantidad de ovinos en la Argentina y en el mundo.

En Australia disminuyeron cien millones de ovinos en treinta años y en su lugar incrementaron los vacunos.

ÚNICOS EN AMÉRICA

El Laboratorio del INTA Bariloche pasó a ser reconocido internacionalmente, destacándose por ser uno de los seis laboratorios más tecnificados del mundo.

Algunos de los equipos instalados eran únicos en América. El que mide la finura es un moderno equipo de rayos láser que sólo necesita un operador y realiza la medición de varios miles de fibras en pocos minutos, actúa con gran precisión y exactitud entregando todos los resultados con la gráfica correspondiente.

Además, encararon un relevamiento de toda la lana de Tierra del Fuego. Fue un trabajo importante que permitió determinar, por ejemplo, que existía un 3% más de rendimiento de lo que normalmente decían los compradores.

Para desarrollar su tarea con la enorme eficiencia que lo caracteriza, el laboratorio participa de los más importantes sistemas de control internacional en el ámbito textil.

Se destaca Interwoollabs, la Asociación Internacional de Laboratorios Textiles (ILRT), con sede en Bruselas, creada con la finalidad de asegurar la precisión en la calibración de los equipos utilizados para garantizar que los métodos de análisis sean aplicados en forma correcta y uniforme en relación a las normas IWTO y asociadas.

El Laboratorio de Fibras Textiles Bariloche fue aceptado en 2002 dentro de la prestigiosa Asociación  International Laboratories Round Trials (ILRT) como miembro activo del grupo de los seis laboratorios más tecnificados del mundo, bajo el control de la IWTO. Tres de los otros cinco laboratorios están ubicados en Australia, uno en Nueva Zelanda y el quinto en Sudáfrica. Nadie cuestiona la exactitud de sus resultados debido a que los equipos se encuentran perfectamente calibrados en base a pautas uniformes, que son comunicadas en las reuniones plenarias de la Federación Lanera Internacional.

Como el laboratorio está calibrado según normativas internacionales, la unidad del INTA Bariloche se consideró altamente especializada en medición de finura y otras características que hacen a la calidad de las lanas, de alta incidencia en la determinación de su precio.

El reconocimiento -que implicó una exhaustiva evaluación de instalaciones y equipos- permitió que el laboratorio continuara realizando estudios de fibras animales con el sello de calidad Interwoollabs, brindando un servicio de alta precisión a productores, industriales y exportadores.

El laboratorio del INTA Bariloche analizaba entonces anualmente más de quince mil muestras de lana, mohair y otras fibras de camélidos sudamericanos y conejos. Además, había incorporado estudios específicos para fibras de seda producida en el país.

REFERENTE INTERNACIONAL

La Asociación Internacional de Laboratorios Textiles Públicos e Independientes (ILRT) involucrada en el muestreo y análisis de calidad de lana, fue constituida con el fin de desarrollar un sistema de cooperación entre los laboratorios miembros para asegurar la correcta, uniforme y precisa aplicación de las normas IWTO.

Desde 1989 el Laboratorio de Fibras Textiles INTA Bariloche realiza el análisis de muestras de producción animal de ovinos correspondientes al Programa Nacional de Mejoramiento Genético Ovino (PROVINO) y procesa muestras del Noroeste Argentino (NOA), de la Mesopotamia, de la Región Pampeana y de la Patagonia. Brinda también asistencia a establecimientos privados e instituciones de Chile. Junto con el Laboratorio de Lanas Rawson, ofrece servicios de análisis de lanas sucias de caladura de fardos (core test) y muestras de puño (medidas adicionales) para el Programa Nacional de Mejoramiento de la Calidad de la Lana (PROLANA). También brindó servicio de apoyo en proyectos de investigación de Chile, Perú, Bolivia, Uruguay y Estados Unidos.

Actualmente realiza servicios de análisis de muestras de producción animal de mohair, cashmere y camellos para programas de caracterización de fibras especiales de Asia Central.

En 2006 obtuvo un nuevo reconocimiento que lo confirmó y posicionó entre los mejores del mundo. Fue un licenciamiento otorgado por la International Wool Textile Organization (IWTO), que incorporó al Laboratorio de Fibras Textiles del INTA Bariloche a un selecto grupo del que sólo forman parte dieciocho laboratorios del globo, entre ellos algunos ubicados en Australia, Francia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, España, Inglaterra y Uruguay.

A partir de la distinción, el INTA Bariloche quedó autorizado para emitir certificados de calidad aceptados mundialmente para transacciones de lana.

La acreditación fue renovada en 2010. En la Argentina hay tres laboratorios acreditados: dos son del INTA (Bariloche y Rawson) y uno del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), en San Martín, provincia de Buenos Aires.

El Laboratorio de Bariloche cumple la norma ISO 17.025 de requisitos generales para la competencia de los laboratorios de ensayo y de calibración, certificado por el Organismo Argentino de Acreditación (OAA), prerrequisito para la obtención de la acreditación IWTO.

Este reconocimiento pone en evidencia la competencia técnica del laboratorio respecto a sus integrantes, a la calidad del equipamiento, a la de los materiales utilizados y a la eficacia de su organización. Por lo tanto garantiza la rigurosidad de los resultados de los distintos ensayos que allí se hacen. Estos ensayos, que incluyen un total de diez normas técnicas IWTO, se llevan a cabo con lana cruda (sucia) o procesada (lavada, cardada o peinada).

Los prestigiosos logros posicionaron al Laboratorio de Fibras Textiles del INTA Bariloche como un protagonista del crecimiento de la economía regional. Se transformó en un pionero en el desarrollo patagónico y en un referente mundial en materia de calidad lanera.

Duga fue el principal forjador del Laboratorio de Fibras Textiles del INTA Bariloche. Gracias a su trabajo, su empeño y su dedicación hoy Argentina ocupa una destacada posición a nivel internacional en lo que respecta a los análisis de calidad de fibras textiles.

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